Sobreviva – Prospere en la vida #4 Jeffrey Bush

by | Ene 12, 2018 | Sobreviva | 0 comments

Sobreviva – Prospere en la vida #4 Jeffrey Bush

by | Ene 12, 2018 | Sobreviva | 0 comments

JUEGOS MENTALES

Las cosas no son como parecen; ¡son como piensa que son! Uno de los problemas más grandes que tiene un cristiano es la forma en que piensa. Es un juego mental. Puede preocuparse por todo o ser feliz con respecto al buen lado de todo. Lo que piensa determina cómo ve a su cónyuge, su ministerio, el país, la gente con la que trabaja y todo lo demás en la vida. Puede pensar en cuán mal le van las cosas o puede encontrar lo que le gusta en las cosas. Enfóquese y todo funcionará. Desvíese del objetivo y será una persona sin esperanza. Ponga su mente en la Biblia. Comience a pensar en el privilegio que tiene al estar en el ministerio, al vivir en el campo misionero, al tener hijos y al estar casado.

Tiene que enfocarse y ahí es cuando la fe entra. Dios le dijo a Josué que sea fuerte. Ser fuerte no significa simplemente ser valiente, sino que también significa creer en Dios. Puede temerle a cosas que han sucedido o que podrían suceder y su mente correrá hacia las cosas malas. Entonces enfóquese. El diablo juega con su mente, le hace pensar que no puede hacerlo y que no funcionará. La guerra espiritual es en la mente.

Su vida mental tiene un gran impacto en su salud física y emocional. Algunas áreas importantes incluyen:

  1. Salud y Enfermedad

Hay dos problemas importantes en la vida: uno es físico y el otro es espiritual. Para los asuntos físicos recurre al doctor, pero muchos otros problemas en la vida deberían ser llevados a Dios. ¡Permítame aclarar que no soy un defensor de nunca ir al doctor! Estoy agradecido con los doctores puesto que fueron instrumentos para salvar la vida de mi hermosa esposa después que sufrió un aborto natural hace varios años. Estoy agradecido con los doctores y de hecho tienen un lugar en nuestro mundo. Sin embargo, en verdad creo que algunas personas van al doctor esperando recibir medicina para algo que es espiritual en lugar de físico.

Según ABC News1 de febrero del 2014, “cada vez más norteamericanos están usando medicamentos recetados para poder dormir.” Según el Washington Post2 de noviembre del 2015, “Casi el 60% de norteamericanos — el nivel registrado más alto — están tomando medicamentos recetados.” Según Quora3  “los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos reportaron que se recetaron 2.4 billones de medicamentos durante las visitas a doctores y hospitales en el año 2005. De aquellos medicamentos 118 millones fueron antidepresivos.”

No soy doctor y no quiero aburrirlo con cifras y estadísticas, pero me gustaría señalar que las personas se medican solas hoy en día más que lo que lo hacían antes, y gran porcentaje de los medicamentos son para cosas como la ansiedad, para dormir y la depresión. Como lo dijo Derrik Rochwalik en su artículo, La adicción a la sobremedicación en los Estados Unidos en The State Press, “Es más beneficioso tratar una enfermedad que curarla.” Estamos tratando los síntomas pero nunca estamos llegando al problema raíz.

Podría ser catalogado como extremista pero estoy convencido que muchos de nuestros problemas y luchas se encuentran en nuestro cerebro. Nuestra preocupación, temor, ansiedad, depresión y estrés literalmente pueden enfermarnos. Según Mayo Clinic (www.mayoclinic.org), los efectos comunes del estrés en nuestro cuerpo son:

  • Dolores de cabeza
  • Dolor o tensión muscular
  • Dolor de pecho
  • Fatiga
  • Cambio en el deseo sexual
  • Molestias estomacales
  • Problemas para dormir

Proverbios 17:22 dice, “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos.” Entonces el corazón alegre puede funcionar como medicina aliviándolo y curándolo, pero la tristeza puede causarle gran dolor y empeorar la situación. Su actitud, disposición mental y perspectiva pueden hacer que se sienta mejor o peor. Proverbios 18:14 dice, “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?” James Allen, en su libro Como un Hombre Piensa Así es Su Vida, dice, “La gente que vive con temor a las enfermedades es la gente que las contrae. La ansiedad rápidamente debilita el cuerpo, y lo deja expuesto a la enfermedad; mientras que los pensamientos impuros, aunque no tengan un origen físico, pronto destruirán el sistema nervioso.” Los pensamientos enfermizos se expresarán mediante un cuerpo enfermizo. La felicidad puede ser medicina para su espíritu y cuerpo. Tiene que decidir ser feliz; nadie puede hacerlo feliz o infeliz.

Proverbios 15:13 dice, “El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate.” Nuevamente, está probado que su espíritu puede ser abatido, entristecido o destruido por un corazón infeliz. Usted puede hacer que esté físicamente mejor o peor. Fije sus pensamientos, ojos y mente en Dios. Es sorprendente ver que cuando mira el poder de Dios los problemas que lo rodean llegan a ser muy pequeños.

Cuando vivía en Argentina era común que alguien vaya al doctor y que le den descanso en cama por semanas. (Tengo la impresión que era la respuesta estándar del doctor para las personas que tenían problemas). Estoy seguro que hay un tiempo válido para permanecer en cama, pero la mayoría de las veces vi que las personas que permanecían en cama, o por lo menos en su dormitorio o casa, por semanas sólo llegaban a estar más deprimidas o llegaban a estar peor que cuando comenzaron su tratamiento. Puedo decirles a muchas personas que el descansar y relajarse podría ser beneficioso, pero permanecer en casa o en cama podría probablemente ser más dañino que bueno. Las personas que permanecen en un cuarto oscuro mirando las mismas cuatro paredes por varios días tienen tiempo para pensar, preocuparse e imaginar lo peor. Usualmente mi sugerencia era que se levanten de la cama, que den un paseo, que cambien de escenario, que lean, que escuchen música, que vayan a visitar a alguien o que hagan algo que quite el problema de su mente. Si permanece en el problema nunca mejorará y probablemente llegará a estar más enfermo de lo que estuvo al principio. Proverbios 15:15 dice, “Todos los días del afligido son difíciles; mas el de corazón contento tiene un banquete continuo.” Vez tras vez la Biblia parece enfatizar la idea que su actitud puede cambiar su bienestar físico o puede empeorarlo. Entonces si su mente y corazón pueden ponerlo mejor o peor, escoja mejorar su cuerpo mejorando su mente.

  1. Temor

El temor es otro oponente mental que estrangula la vida de casi todo lo que toca. La Biblia dice enfáticamente que Dios no nos ha dado el espíritu de cobardía (2 Timoteo 1:7). Algunos dicen que hay 365 menciones de sobre “no temer” en la Biblia  — una para cada día del año. Aunque no sé si ese número es exacto, todos estaríamos de acuerdo en decir que vale la pena mostrarle atención a algo que se menciona por lo menos 200 veces. ¿Entonces por qué Dios le pone seriedad al temor? Aquí presento algunas razones por las que creo no deberíamos temer:

  1. El temor es controlador. El temor controlará su mente, su ética laboral, su perspectiva sobre la vida y todo lo que haga. Si alguien tiene miedo de que otros lo vayan a dañar entonces ese pensamiento lo controlará. El mismo concepto se aplica cuando se piensa en que los hijos se van a enfermar, en que algo malo va a ocurrir o que no le agradamos a la gente. Sin embargo, lo que piense controlará la forma en que vea todo en la vida.
  2. El temor discapacita. El temor no permitirá que termine cualquier cosa. Las personas quedan casi paralizadas cuando el temor los controla. Incluso cuando alguien sigue con su rutina de vida, el temor, cuando está presente, no lo deja trabajar a plenitud.
  3. El temor es contagioso. El temor desanimará a otros. Deuteronomio 20 comienza animando a la gente a no tener miedo porque Dios está con ellos. (Moisés le estaba hablando a Israel sobre sus enemigos). En el versículo 3 les recuerda “no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos.” En el versículo 8 da un mandato muy sorprendente:

“Y volverán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo.”

El temor de un hombre se esparcirá como fuego incontrolado haciendo que otros también se sientan mal. El temor engendra más temor y se esparce en otros.

Lo opuesto al temor es la fe. Cuando el temor está presente, la fe está ausente. Fe es creer en lo que esperamos y sabemos pero que no podemos ver (Hebreos 11:1-3). Sabemos que es imposible agradar a Dios sin fe (Hebreos 11:6). Sin embargo, cuando el temor está en la ecuación, la fe no se encuentra cerca. Entonces debemos decidir apagar nuestro temor con la fe o seremos abrumados por el temor.

En lugar de tener temor de lo que otros piensan, del futuro, de la falta de dinero, de las personas que quieren dañarnos, o cualquiera sea el caso, convierta ese temor en fe. Cuando el temor está presente, la fe está ausente. A cambio del temor debemos aplicar la fe. Crea que Dios puede usarlo, que va a usarlo, que lo tendrá seguro y que cuidará de su familia, su economía y su salud.

Si alguien tuvo alguna razón para tener temor ese fue David en el relato de la Biblia. Huyó por su vida cuando fue perseguido por el rey Saúl y el ejército de Israel. Vivió en cuevas y en el desierto con animales, lluvia, frío, enfermedad y temor desde todos los frentes. Pero dijo, “En el día que temo, yo en ti confío” (Salmos 56:3). ¡Qué gran versículo para memorizar! Es una gran verdad que deberíamos creer y recordar cada vez que sea necesario.

Me encanta el mandato que Moisés le dio a Josué: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9). El escritor de Hebreos nos dice, “de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:6).

Quizás es tiempo de clamar las promesas de Dios, mirarlo a Él, y no permitir que el temor obtenga la victoria en nuestras mentes.

  1. Depresión

Estoy convencido que la mayor parte de la guerra espiritual ocurre en el campo de batalla de la mente. Es en la mente en la que una persona pierde, se rinde o simplemente decide que las luchas no valen la pena. Por supuesto, el diablo puede atacar su familia o iglesia, y puede usar a la gente o circunstancias, pero muchas veces se enfoca en el corazón de nuestra mente.

No ignoro la depresión; en verdad existe. Muchas preciosas personas han sido apachurradas con los horribles apretones de la depresión y eso me apena profundamente. Aunque no todos ceden completamente a causa de la depresión, con seguridad podemos estar de acuerdo en que no logran ir lejos a causa de ésta.

La depresión hará que escuche las mentiras del diablo:

  • “No eres aceptado”
  • “Dios no está contigo.”
  • “Todos te han olvidado.”
  • “No puedes manejar la presión.”
  • “Nadie te ama.”
  • “Simplemente ríndete.”

Debe darse cuenta que la depresión es muy egocéntrica. Se “enfoca en uno mismo.” La depresión hace que se dé cuenta cómo es tratado, cómo es que no se siente cómodo o feliz, cómo nadie aprecia lo que hace, cómo nadie le ama y cómo nadie le tiene gratitud. Si desea ganar la batalla de la depresión, debe quitar sus ojos de sí y debe ponerlos en Dios y otros.

Dese cuenta que cuando está desanimado no puede animar a otros. Dios nos hizo con un propósito, y estamos para servir, ayudar y amarlo a Él y otros. No podemos hacer eso cuando estamos desanimados. Pablo le dijo a los cristianos en Corinto que derriben argumentos, tengan cautivos los pensamientos y que los lleven a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:5). Tenemos que tener controlados nuestros pensamientos. Todos nos desanimamos en ocasiones, pero no tiene que permanecer desanimado. Tiene una elección.

Cuando se desanime lleve aquellos pensamientos al Señor, clámele, piense en Sus promesas y Sus bendiciones, adórelo, ayude a otros y enfóquese en lo positivo en lugar de lo negativo. Un cristiano que está deprimido tiene su mente puesta en los problemas que lo rodean en lugar de ponerla en el poder de lo alto. ¡Dios tiene el poder, fortaleza, escape y ayuda que necesita! Entonces fije su mente en Él. El dulce salmista de Israel dijo, “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes” (Salmos 27:13).

  1. Lugar y Posición

Me fascina Salmos 16. David está huyendo por su vida porque el rey Saúl lo persigue, es entonces que tiene que vivir y dormir en cuevas donde usa rocas como almohadas y busca comida en el desierto. Fue ungido como rey por Dios, pero ahora está viviendo la miserable vida de un fugitivo y vagabundo.

En el versículo 6 dice, “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado.” Estaba viviendo en cuevas húmedas y tenebrosas mientras era perseguido por el ejército del rey Saúl, pero dijo que era “hermosa la heredad” que tenía. A su “heredad” (sus posesiones terrenales) llamó “hermosa,” lo que significa atractiva, excelente y admirable. ¡No había absolutamente nada admirable, excelente o atractivo en lo que David tenía! Pero en el corazón y mente de David era lo mejor del mundo. ¡Qué tal actitud!

Muchas personas no están felices con lo que tienen, con el lugar donde viven y lo que están haciendo. Esta actitud no caracteriza a un hijo de Dios y de hecho no fue la actitud que tuvo David. Si la belleza está en el ojo del espectador, entonces el ojo del espectador debe cambiar si está descontento. Nuestras posesiones, familia, salario, ambiente y posición son buenas o malas dependiendo de la forma en que las veamos. Amigo, dese cuenta que Dios sabe dónde vive, con quién vive y cómo vive. Él puede darle más o quitarle cosas. El problema no se encuentra en lo que tenemos o no tenemos; en problema reside en nuestra actitud hacia lo que tenemos o no tenemos.

Necesitamos entender tres verdades básicas para comenzar a cambiar la forma en que vemos nuestras posesiones y posición.

  1. Quejarse es un Acto en contra de Dios

Se nos manda, “Haced todo sin murmuraciones y contiendas” (Filipenses 2:14). Murmurar y quejarse es como alabar al diablo porque de hecho no estamos alabando a Dios cuando nos quejamos. Tenemos palabras que “justifican” nuestra queja como “desfogue,” “desahogarse,” “voy a ser sincero con usted,” pero la queja no es buena para la persona que la realiza o para el que la escucha. Nuestra queja no es en contra de nuestro cónyuge, hijos, trabajo o situaciones. Nuestra queja finalmente es en contra de Dios. Piense en ello: todo lo que tenemos es de Dios, entonces cuando nos quejamos sobre lo que tenemos, nos quejamos porque no nos está cuidando o porque no sabe lo que es mejor para nosotros.

En Números 11 los hijos de Israel levantaron sus voces y se quejaron, “lo oyó Jehová, y ardió  su ira” (versículo 1). Echaban de menos la comida que tenían en Egipto y comenzaron a quejarse por ello. ¡Finalmente Dios les dio toda la comida que deseaban! Les dio comida hasta el punto que la aborrecieron porque menospreciaron al Señor que estaba en medio de ellos (v. 20). El Señor consideró su queja como un “menosprecio” para con Él. El mismo escenario se repite en Números 14 cuando esta vez se quejaron de Moisés y Aarón (vv. 1-2). Aquí también Dios dijo que su queja era en contra de Él.

Nuestra naturaleza de quejarnos aparece porque queremos algo más o que sea mejor. Sin embargo, el salmista David nos enseña que no sólo deberíamos ser felices, sino que también deberíamos pensar y creer que tenemos una porción admirable, excelente y atractiva.

  1. Codiciar es Pecado

La palabra codiciar significa “desear ardientemente poseer o tener; desear, anhelar o antojarse de algo, especialmente la propiedad de otra persona.”

Dios directamente le ordenó a Su pueblo que no codicie en Éxodo 20:17 y Deuteronomio 5:21. Hoy en día tenemos nombres más elegantes para la palabra “codiciar.” Nos hemos sofisticado y la llamamos “estar a la moda” o “estar a la altura de otros.” La Escritura en 2 Corintios 10:12 nos enseña que compararnos entre nosotros no es sabio.

El márketing hace que prolifere esta necesidad de manera exitosa y hace que queramos más y que sintamos que necesitamos y merecemos más. ¡Y de hecho funciona! Tenemos la culpa cuando tenemos la intención de comprar la tecnología de punta o cuando queremos un nuevo vehículo o teléfono. Sin embargo, al  final las posesiones no nos satisfacen completamente.

Codiciar es desobedecer a Dios. Buscar “lo último” no es nada más que ir en búsqueda de un espejismo en el desierto. La Biblia dice que el perezoso codicia codiciosamente todo el día pero el justo da y no detiene su mano (Proverbios 21:26). La clave para terminar con la codicia es aprender a ser generoso.

  1. El Contentamiento es una Característica Cristiana

El contentamiento es una cualidad o característica del hijo de Dios. Dios explícitamente nos manda a dar gracias por todo y nos hace saber que dar gracias es la voluntad de Dios en Cristo según 1 Tesalonicenses 5:18. Deberíamos cambiar nuestras quejas por gratitud. Si cambiamos nuestra actitud comenzaremos a ver toda la vida de manera diferente. El contentamiento no sólo es una palabra; tiene como raíces los pensamientos del corazón. Si no estamos satisfechos con lo que Dios nos ha dado nunca podremos convencer a otros para que estén contentos y de hecho nunca estaremos felices con nosotros mismos.

El apóstol Pablo dijo que había pasado por tiempos de prosperidad y pobreza pero que decidió que en cualquier situación que se encuentre iba a estar contento (Filipenses 4:11-12). Es sorprendente ver que algunas personas nunca están contentas sin importar cuánto dinero, posesiones, amor o amigos tengan. Pero otros están contentos sin importar las circunstancias. Todo se encuentra en la actitud. La satisfacción, felicidad y gozo no tienen nada que ver con lo que tiene en el bolsillo; todo tiene que ver con lo que tiene en su corazón.

El hijo de Dios debería estar contento con todo lo que Dios le ha dado. Pablo nos dijo que estemos felices con lo básico — alimento y abrigo (1 Timoteo 6:8). Cualquiera estaría feliz comiendo carne todos los días, pero si fuesen simplemente vainitas y arroz todavía se nos manda estar contentos. Saber que Dios nunca nos dejará ni abandonará es suficiente para estar contentos (Hebreos 13:5). Entonces tome la decisión de estar contento con su cónyuge, sus hijos, sus posesiones, la posición que Dios le ha dado y el lugar donde le ha puesto. El contentamiento no es un tesoro exterior; sino más bien un tesoro interior. Todo el contentamiento tiene que ver con su actitud y poco con lo que le rodea. El contentamiento es una decisión, ¡entonces decida estar contento!

  1. Preocupación y Estrés

Ya abordamos el tema de la preocupación en el capítulo anterior, pero veamos brevemente en conjunto a la preocupación con el estrés.

Muchas de nuestras preocupaciones vienen por permanecer en el pasado o en las cosas que no se pueden cambiar. Como se mencionó anteriormente en este libro, el 85% de lo que nos preocupa probablemente nunca llegará a pasar. Incluso si ese no es el porcentaje exacto, todavía podemos admitir que desperdiciamos mucho tiempo preocupándonos. Debe recordar que Dios está en control. Si Dios lo salvó de un destino eterno en el infierno, entonces también es lo suficientemente poderoso para protegerlo y ayudarlo. Dios puede cuidar de sus hijos mejor que usted. Dios puede solucionar la economía mejor que usted. No estoy diciendo que debería descuidar a su familia o la economía, pero sí estoy diciendo que preocuparse por si sus hijos se vayan a enfermar, perderse, crecer y llegar a ser como Hitler, huir o cualquier otra cosa sólo lo pondrá más nervioso, ansioso, inseguro y estresado.

La Biblia en 1 Pedro 5:7 da la respuesta sobre qué hacer en lugar de preocuparse. Debe de echar todas sus ansiedades sobre Él; porque Él tiene cuidado de usted. Los hombros de Dios pueden llevar más cargas que usted, entonces deje que Él cargue el peso. La Biblia va más allá y nos dice que no nos preocupemos: “Por nada estéis afanosos” (Filipenses 4:6).

El estrés y la preocupación afectarán su salud. Cuando es necesario, como en una emergencia, su cuerpo desarrolla adrenalina. La adrenalina es un químico en el cuerpo que se genera sólo en momentos específicos. Sin embargo, cuando se preocupa, su cuerpo lo produce y lo continúa produciendo. Su cuerpo no puede manejar dosis diarias y constantes de adrenalina; entonces en lugar de ayudar a su cuerpo, la adrenalina comienza a dañarlo. El exceso de estrés entonces causará úlceras y otros tipos de problemas físicos. Su cuerpo comienza a destruirse solo. Dios quiere que echemos nuestros cuidados sobre Él y no que tratemos de absórbelo todo nosotros. Entonces en lugar de preocuparnos o estresarnos, permita que el Señor lo salve, lo fortalezca y lo ayude.

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1 www.abcnews.go.com

2 www.washingtonpost.com/news

3 www.quora.com

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