¿Quiénes Son los Elegidos? Parte 1/3 por Eric Hankins, Ph.D.

by | May 12, 2016 | Ministerio | 0 comments

¿Quiénes Son los Elegidos? Parte 1/3 por Eric Hankins, Ph.D.

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Hace poco realicé mi primer viaje a Israel. Es difícil describir cuán poderoso es ver en vivo en lugar donde el Dios que habla y obra ejecuta Su plan para salvarnos a todos a través de Su pueblo escogido y Su Escogido. Fue una completa yuxtaposición providencial que estuviese en la tierra escogida por Dios al mismo tiempo que estaba terminando esta clase sobre la elección. En ese lugar tan empapado de palabras y obras del Dios de pactos, en ese lugar donde la convergencia de la elección y la misión susurra por todos los valles, dos realidades teológicas fundamentales fueron radicalmente reforzadas. La primera fue la intensidad de la pasión de Dios por la relación mediante pactos con toda la gente. Tenazmente nos mete en el contexto de la historia humana y nos llama omnipresentemente a la comunión consigo mismo. Sin lugar a dudas esta búsqueda necesita nuestra respuesta de fe. Lo que transpira en la interacción y respuesta de los hombres a Dios importa dentro de la revelación de Su plan. La pregunta que retumbaba en mi cabeza mientras viajaba de lugar en lugar era, “¿Por qué Dios pasaría por este increíblemente complejo, increíblemente doloroso proceso de traer salvación por fe a través de la historia de Israel, Su Mesías y Su iglesia si, al final, todo es simplemente ‘mucho hablar que no significa nada’? ¿Qué propósito tiene poner todo este espectáculo si el arreglo ya estaba hecho sin considerar nuestra verdadera respuesta a Él?”

Sin embargo no hay duda que todo se reveló exactamente como Dios lo había planeado. El resultado nunca estuvo en duda, sin importar cuán mal se revelaron los pecadores. Desde el asqueroso templo de Jeroboam para Baal en Dan hasta el museo de la historia del Holocausto Yad Vashem en Jerusalén, la capacidad de maldad pura en el corazón humano no tiene límites. Pero, Dios se hace un camino, asegurado en la persona y obra de Su Hijo. Las promesas de Dios para conservar la relación con nosotros nunca han estado en duda, pero estas promesas para conservar la relación con Él demandan una verdadera respuesta de fe.

Segundo, en todas las direcciones que me movía Israel me mostraba la magnificencia de la misión de Dios para y a través de este lugar escogido, que a su vez es particular y peculiar para el mundo entero. Israel es pequeño, como del tamaño de New Jersey, y la mayor parte es desierto. Esencialmente no tiene recursos naturales, nada inherentemente valioso. Incluso la parte interesante es ordinaria. El mar de Galilea es un lago y no uno grande. El río Jordán es un riachuelo. El único monte real es Hermón. Las ciudades que suenan muy épicas para nuestros oídos, Capernaum, Nazaret, Caná, eran pueblitos de unos cuantos cientos en los días de Jesús. El ministerio de Jesús se llevó a cabo en un lugar muy pequeño y sorprendentemente común. Entonces, ¿por qué estaba tan profundamente conmovido en todo lugar que íbamos? ¿Por qué hay millones de visitantes de todo el mundo en cada año? Porque lo que sucedió en ese pequeño lugar de pocas personas a través de Una Vida Solitaria fue por todos nosotros.[1] Desde el monte donde Jesús enseñó hasta el monte donde murió y hasta el monte donde comisionó, Jesús empoderó y le enseñó a aquellas personas ordinarias que habían sido especialmente seleccionados por Dios para cambiar el mundo. A través de este sello de lugar, mediante estas personas difíciles y a través de Un Hombre, las buenas nuevas de salvación se propagaron al mundo entero.

Mi tiempo en Israel, por consiguiente, reforzó dos realidades fundamentales sobre la elección las cuales le dan forma a la premisa básica de esta clase. Cualquiera que sea nuestro punto de vista de la elección, es errado si significa que no tenemos libertad para responder en fe, porque sin libertad para responder, la relación de pacto es imposible. Y cualquiera que sea nuestro punto de vista sobre la elección, es errado si significa que la salvación no es para cada persona en el mundo.

Entonces, ¿quiénes son los elegidos? La respuesta típica, aunque truncada pero no necesariamente incorrecta, es que los elegidos son aquellas personas que Dios ha escogido para la vida eterna. [2] La doctrina de la elección enfatiza la suma necesidad de la iniciativa, provisión y administración de Dios para la salvación de los pecadores. Sobre esto hay muy poco en lo cual no estar de acuerdo. La pregunta que nos fastidia es, “¿Qué precisamente implica la elección de pecadores de Dios para salvarlos?” Aun cuando hay una variedad de dinámicas para esta pregunta, creo que el corazón de asunto de la elección para la mayoría de nosotros tiene que ver con la naturaleza de la presciencia y actividad providencial de Dios en la salvación de individuos libres, siendo la libertad un aspecto esencial de la existencia humana. Las Escrituras nos dan el concepto de la elección, y lo que es más interesante para nosotros sobre el concepto es que, en algún nivel, significa que Dios tiene un plan seguro para provocar la salvación de la persona, un plan que debe incluir su responsabilidad para responder libremente. Entonces la pregunta clave de la doctrina de la elección para nuestros propósitos podría ser enunciada de este modo, “¿Cuál precisamente es la naturaleza del plan seguro de Dios para salvar individuos libres?”

Nuestra pregunta de la doctrina de la elección, por consiguiente, es un tema específico dentro de la más grande categoría doctrinal de la soteriología. La soteriología hace una pregunta como esta: “¿Quiénes son los salvos?” La pregunta tiene, para los bautistas del sur, una respuesta más simple que la que he señalado. “¿Quiénes son los salvos?” Los salvos son aquellos que se arrepienten y creen en Jesucristo. Por consiguiente, desde el principio de esta discusión, se permitirá que la pertinencia crítica de la respuesta de fe de los individuos al evangelio tenga su peso entero y significado central.[3] Cuando la pregunta de la salvación de los individuos emerge de la Escritura, la principal respuesta bíblica es “fe,” no “elección.” La respuesta de fe del individuo es necesaria para su salvación. Los calvinistas, por supuesto, exclamarán que su punto de vista de la elección incondicional también afirma esto, pero, finalmente, ellos no se refieren a lo que yo me refiero, ellos no se refieren a lo que la mayoría de los bautistas del sur se refieren, y las consecuencias lógicas de lo que ellos creen de hecho destripan el significado bíblico de fe. Los calvinistas creen que la respuesta de fe de ciertos pecadores ha sido determinada sólo por Dios. Yo no lo creo así. La única forma por la cual una respuesta de fe pueda ser coherente es si es libre, no determinada. No ocultaré el hecho que la verdadera libertad es necesaria para nuestra salvación. El Dios soberano de todas las cosas puede crear cualquier tipo de universo que desee. Si Dios quisiese un mundo lleno de autómatas que siempre cumplen Sus órdenes (incluso si los autómatas piensan que están haciendo lo que más desean, no tienen elección con respecto a sus deseos) entonces de hecho puede tener ese tipo de mundo. Pero la Escritura claramente enseña que nuestra capacidad de escoger las opciones moralmente diferenciadas es real y que estas elecciones, incluyendo nuestra respuesta al evangelio, le importan a Dios. De hecho este mundo y la naturaleza humana se han echado a perder radicalmente por el pecado, pero Dios continúa llamándonos a la relación de pacto a través del Espíritu y la Palabra, y nuestra respuesta de fe importa. Para que esto importe debe ser libre. Para que sea libre, debemos poder hacerla. Nuevamente, no me disculpo por el significado de la libertad humana en la salvación. Dios creó el mundo de este modo porque es el mejor mundo posible. Por consiguiente, lo que sea que signifique elección, debe incluir libertad verdadera. En los elegidos su respuesta libre tiene parte en su salvación.

Además, cuando la Biblia hace la pregunta soteriológica, “¿Quiénes son los salvos?” la respuesta inequívoca es “cualquiera.” Cualquiera puede ser salvo. Esto va de la mano con la afirmación soteriológica central de la Biblia: Dios quiere que todos sean salvos; por consiguiente, cualquiera puede ser salvo. Sea lo que signifique elección, no puede contradecir esta afirmación central.[4] Por consiguiente, desde el principio de esta clase debo afirmar claramente que la elección no puede significar que Dios escoge a algunos y no a otros sin considerar su libre respuesta de fe. La elección no puede significar que sólo algunos son salvos mientras que el resto es condenado por la buena voluntad de Dios, y que no tiene nada que ver con la persona, a menos que discrepe con la clara enseñanza de la Biblia y su afirmación soteriológica central que afirma que Dios ama a todos y quiere que todos sean salvos.

La salvación de todos y la necesidad de libertad forman algunos de los límites de la soteriología bíblica y, por consiguiente, controlan el significado de la elección. Por consiguiente, estos dos temas están en el meollo del conflicto entre nosotros y los calvinistas. Los calvinistas no creen lo que nosotros creemos sobre la libertad o salvación. De hecho, aquí quiero aseverar que no creen para nada en la libertad o salvación en el sentido normal de los términos sino sólo en el sentido más calificado y francamente contradictorio. Esto no se trata de misterio, antinomia o paradoja. No tengo problemas con aquellos que quieren decir que es un misterio cómo Dios es soberano en la salvación y a pesar de eso somos responsables. Pero los calvinistas no apelan al misterio; ellos apelan a una contradicción. Ellos dicen que Dios causa la libre respuesta de fe de los pecadores. Dios determina sus elecciones libres. A pesar de las protestas de los calvinistas (“¡Usted está tergiversando nuestros puntos de vista! ¡Creemos en la libertad! ¡Creemos que la fe importa! ¡Creemos en el amor de Dios por todos!), su determinismo simplemente no funciona.[5]

Ahora puedo escuchar las protestas de los calvinistas: En el capítulo de Wayne Grudem sobre la elección y la reprobación en su teología sistemática, él anticipa nuestras objeciones a su doctrina de la elección incondicional. Los que no somos calvinistas, como yo, proponemos seis problemas para los cuales Grudem cree tener respuestas simples:

  1. La Elección Incondicional significa que no tenemos la elección de aceptar a Cristo.
  2. La Elección Incondicional significa que nuestras elecciones no son reales.
  3. La Elección Incondicional significa que somos robots.
  4. La Elección Incondicional significa que los incrédulos nunca tuvieron una oportunidad para creer.
  5. La Elección Incondicional es injusta.
  6. La Elección Incondicional contradice la idea que Dios desea salvar a todos.[6]

Estoy de acuerdo con Grudem en que esta es en esencia la lista de objeciones. Las respuestas de Grudem, empero, para estas objeciones son todas las mismas. Simplemente asume que el determinismo teístico[7] es verdadero. (1) Dios hace que escojamos a Cristo con libertad. (2) Si Dios dice que las elecciones causadas son libres, eso lo resuelve. (3) No somos robots; somos personas. Pero todas nuestras elecciones son causadas por alguien más (como los robots). (4) Los incrédulos sí tienen una oportunidad para creer, pero de una forma determinista en la que el asunto ya está resuelto. (5) La Elección Incondicional es justa porque Dios puede hacer lo que desea porque determina todo. (6) Dios no quiere salvar a todos, pero quiere determinar salvar sólo algunos más, entonces como que no quiere salvar a todos. En el capítulo de Grudem sobre la providencia, esencialmente admite que no sabe cómo Dios puede determinar todo y no ser la causa de la maldad.[8] Simplemente no lo es. Nuevamente, esto no es una apelación al misterio. Es una apelación a lo que es lógicamente falaz.

La diferencia central entre nosotros y los calvinistas se debe tener en cuenta constantemente. El desacuerdo no tiene punto medio. No hay posición mediadora. El determinismo teístico es verdadero y representativo de los datos bíblicos con respecto a la salvación o no lo es. Si es verdadero entonces los calvinistas tienen la razón. Si no lo es, entonces los calvinistas tienen grandes problemas.[9] La pregunta es si nos daremos o no libertad los unos a los otros para sostener un punto de vista o el otro. En el pasado nos otorgamos esa libertad, aunque la libertad verdadera y la verdadera salvación fueron el punto de vista mayoritario. Hace poco la paz se ha hecho pedazos, no por parte de nosotros, sino por bautistas del sur calvinistas, quienes aseveran que nuestros puntos de vista sobre la soteriología son deficientes y anticuados.[10] Si ese es el camino a tomar, entonces responderemos del mismo modo.

Dentro de estos amplios parámetros soteriológicos de la libertad y salvación de todos, podemos virar hacia nuestra pregunta específica sobre la elección, “¿Cuál precisamente es la naturaleza del plan seguro de Dios para la salvación de individuos libres?” Es extremadamente importante notar que, aun cuando esa pregunta específica es de intenso interés para nosotros, tiene un nivel de interés filosófico no compartido por los escritores de la Escritura, incluido Pablo. La Biblia asume ambos, la completa soberanía de Dios en la salvación y la realidad de la libertad humana en la salvación sin ofrecer una explicación de cómo ambas pueden ser simultáneamente verdaderas. Con esto no se dice que el concepto bíblico de la elección no se refiere a nuestra pregunta o que no nos brinda alguna información y restricciones sobre la respuesta. Pero la Biblia no señala nuestra pregunta con precisión. La elección, como lo veremos posteriormente, funciona en la Escritura con diferentes propósitos. Nuestra pregunta surge de preocupaciones filosóficas muy específicas y postbíblicas sobre la naturaleza de la acción divina, la presciencia divina, la libertad, el tiempo y el individuo entre otros. Mientras que la Biblia de hecho afirma la realidad de todas estas cosas, no las trata filosófica o sistemáticamente.

Una observación hecha por Alister McGrath sobre la doctrina de la justificación en su obra seminal Iustitia Dei nos ayuda a ilustrar el punto que trato de hacer. Él dice.

Se debe distinguir cuidadosamente el concepto de la justificación y la doctrina de la justificación. El concepto de la justificación es uno de los muchos empleados dentro del Antiguo y Nuevo Testamentos, particularmente las epístolas paulinas, para describir la acción salvadora de Dios hacia su pueblo…. La doctrina de la justificación ha llegado a desarrollar un significado muy independiente de sus orígenes bíblicos, y concierne a los medios por los cuales se establece la relación del hombre con Dios…. La ‘doctrina de la justificación’ ha llegado a tener un significado dentro de la teología dogmática que es muy independiente de sus orígenes paulinos….[11]

Ahora, McGrath no asevera que la doctrina de la justificación en su desarrollo postbíblico está necesariamente errónea; pero es postbíblica, y no es el equivalente del significado de justificación en la Biblia. Cuando cargamos ese desarrollo postbíblico dentro del texto bíblico hacemos que el significado de Pablo se distorsione. McGrath relata cómo ciertos “accidentes en la historia” (sus palabras, no mías) forjaron el desarrollo de la doctrina que se desconectó de su significado bíblico. Estos “accidentes” postbíblicos están relacionados con la teología de Agustín (quien estaba dedicado al determinismo filosófico[12]) y su trato particular a las epístolas de Pablo.

Creo que el mismo tipo de distinción se desarrolló entre el concepto de la elección en la Biblia y la doctrina de la elección puesto que se desarrolló después del cierre del canon por muchas de las mismas razones, especialmente aquellas que tenían que ver con la influencia del determinismo de Agustín. El significado bíblico de la elección es todavía otra de las múltiples formas en que las Escrituras (como dice McGrath) “describen la acción salvadora de Dios hacia su pueblo.” Pero la imposición del determinismo hecho por Agustín y su redefinición del libre albedrío, los cuales fueron intensificados en el pensamiento de Lutero y Calvino, dieron como resultado el significado de la elección para la Reforma, el cual, para volver a aprovechar a McGrath, “concierne a los medios por los cuales se establece la relación del hombre con Dios,” un significado “que es muy independiente de sus orígenes paulinos.” El enfoque en las obras internas específicas de la doctrina de la elección con respecto a la metafísica de la acción divina y humana fue más allá de los límites de los datos bíblicos. Y a causa de un compromiso con el determinismo que los escritores de la Escritura no comparten, la doctrina reformada de la elección ha llegado a significar la decisión determinada e inmutable de Dios para salvar a algunos y condenar a otros sin que importe su libre respuesta de fe. Cuando fueron confrontados con el significado claro de las Escrituras que hablan del amor de Dios y el deseo de salvar a todos mediante una respuesta de fe, la teología de Agustín, Lutero, Calvino, Beza y sus seguidores simplemente cortó ligeramente los significados de “amor,” “salvar,” “todos,” “deseo,” y “fe” hasta que se hizo espacio para su determinismo postbíblico. Cuando este determinismo distorsionado es reemplazado por un punto de vista que da un mejor relato de todos los datos bíblicos, aquellos términos bíblicos pueden retornar a su forma original. Regresaremos en un momento al tema del determinismo, pero asegurémonos de entender la importancia de la distinción entre el significado bíblico de la elección y el significado de la elección como la doctrina desarrollada según Agustín. Una de mis metas en esta presentación es que esté mejor equipado para tener conversaciones bien informadas e incisivas con sus amigos calvinistas con respecto a la elección. Uno de los asuntos que necesita establecer desde el principio puede ser introducido en forma de pregunta: “¿Estamos hablando del significado de la elección en la Biblia o el significado de la elección según es definido por el calvinismo?” “¿Estamos hablando de la soberanía de Dios en la elección o estamos hablando sobre el determinismo teísta en la elección, porque no son la misma cosa?”

¿Por qué es tan importante esta distinción? Porque los bautistas del sur valoran mucho la autoridad de la Escritura y de así debe ser. Tanto los bautistas del sur calvinistas y los bautistas del sur tradicionalistas, al final, quieren decir lo que la Biblia dice sobre la elección. Los calvinistas insisten en que simplemente dejan que la Biblia hable por sí sola sobre el asunto de la elección. Aseveran que simplemente toman en serio lo que la Biblia dice, aunque la determinación de Dios de la condenación de la mayoría de las personas sin referencia a su respuesta de fe sea de hecho un “decreto horrible.” Ellos echan mano a sus textos centrales, Romanos 8 y 9-11, Efesios 1 y 2, Juan 6, etc., y dicen, “¿Cómo pueden estos versículos ser entendidos de algún otro modo? Dios escoge a algunos y no a otros. Su elección no tiene nada que ver con ellos, y así son las cosas.” Luego nosotros echamos mano a nuestros versículos, Juan 3:16, 2 Pedro 3:9, 1 Timoteo 2:4. 1 Juan 2:2, etc. y decimos, “Dios ama a todos y quiere que todos sean salvos. Nunca haría que algunos vayan al infierno, y así es como son las cosas.” Ellos tienen sus versículos, nosotros tenemos los nuestros, y el debate continúa sin aparente esperanza de resolución. ¿Puede algo romper el empate? ¿Nos llevamos la mano a la cabeza y declaramos que todo es un “misterio”? No creo que deba ser así. Cada vez que hay un punto muerto textual/teológico como este, debemos recurrir, por supuesto, a los temas de la hermenéutica y la teología sistemática. ¿Qué nociones preconcebidas estamos llevando a los textos que podrían estar sesgando la forma en que los leemos? ¿Cómo es que juntamos los diversos textos que tocan este tema de una forma coherente?

Por consiguiente debe ser reconocido por todos los contendientes que nuestra pregunta del significado de la elección, “¿Cuál precisamente es la naturaleza del plan seguro de Dios para salvar individuos libres?” es una discusión postbíblica que requiere especulación filosófica y teológica y construcción sistemática. Es una cuestión explorada por la teología sistemática, no la teología bíblica de por sí. De hecho, nuestra pregunta, en gran medida, va en dirección opuesta de los énfasis dentro del significado bíblico de la elección. Nuestra pregunta es acerca de las decisiones que Dios tomó antes del principio. La elección bíblica es mucho más escatológica. Nuestra pregunta se interesa en los individuos; la elección bíblica se enfoca en el pueblo de Dios. Nuestra pregunta trata el momento en que llegamos a ser creyentes en Cristo. La elección bíblica se enfoca en la misión total de la redención del mundo entero. Nuestra pregunta se interesa en lo que Dios ha hecho con respecto a nosotros con poco interés en aquellos que no son elegidos. La elección bíblica concierne al amor y deseo de Dios de salvar a todos.

 

Por Dr. Eric Hankins, pastor de la Iglesia First Baptist, Oxford, Mississippi.

 

[1]C. S. Lewis, Miracles: A Preliminary Study (New York: MacMillan, 1947), 140-41: “After the knowledge of God had been universally lost or obscured, one man from the whole earth (Abraham) is picked out. He is separated . . . and made an ancestor of a nation who are [sic] to carry the knowledge of the true God. Within this nation a further selection: some die in the desert, some remain behind in Babylon. . . . The process grows narrower and narrower, sharpens at last to one small bright point like the head of a spear. It is a Jewish girl at her prayers. All humanity . . . has narrowed to that.”

[2]Millard Erickson, Christian Theology, 2d ed. (Grand Rapids: Baker, 1998), 921; James Leo Garrett, Jr. Systematic Theology, 2d ed., vol. 2 (North Richland Hills, TX: BIBAL, 2001), 490; Wayne Grudem, Systematic Theology (Grand Rapids: Zondervan, 2000), 670; Kenneth Keathley, “The Doctrine of Salvation” in A Theology for the Church, ed. Daniel L. Akin (Nashville: B&H Academic, 2007), 707; Alister E. McGrath, Christian Theology: An Introduction (Cambridge, MA: Blackwell, 1994), 397-400; Fred Klooster, “Elect, Election,” in Evangelical Dictionary of Theology.

[3]Garrett, 490, says it well: “If election is to be determined as the divine plan or the principle of selection through faith, what God foresees in human individuals must not be inherently meritorious with the result that the free grace of God is denied. If election is to be interpreted as the eternal choice of particular human beings, that choice must not be totally detached from the faith of those human beings.”

[4]Ibid., 472: “The doctrine of election presupposes a personal God who has a saving or redemptive purpose for his human creatures and who is able to work out such a purpose for and among human beings in the created order and within human history.”

[5]Jerry L. Walls, “Why No Classical Theist, Let Alone Orthodox Christian, Should Ever Be A Compatibilist,” Philosopia Christi 13 (2011): 98-99: “. . . theological compatibilists often make claims and engage in rhetoric that naturally lead people to conclude that God loves them and desires their salvation in ways that are surely misleading to all but those trained in the subtleties of Reformed rhetoric. . . . Such language loses all meaning, not to mention all rhetorical force, when we remember that on compatibilist premises God could determine the impenitent to freely repent, but has chosen instead to determine things in such a way that they freely persist in their sins.”

[6]Grudem, 680-84.

[7]Kenneth Keathley, Salvation and Sovereignty: A Molinist Approach (Nashville: B&H, 2010), 65-69.

[8]Grudem, 330.

[9]Dean Zimmerman, “Yet Another Anti-Molinist Argument,” (Rutgers University, accessed November 11, 2012); available at http://fasphilosophy.rutgers.edu/zimmerman/Anti-Molinist-Arg-Jan-25.pdf : “And increased enthusiasm for Calvinism [while notable in theology] is not detectable within philosophy. It appears to me that most Christian philosophers—including many who, like Nicholas Wolterstorff and Alvin Plantinga, identify closely with Calvinist theological traditions—reject Calvin’s teachings on grace and predestination” (37). Zimmerman argues that the reason for this is that the problem of evil poses such massive philosophical problems for Calvinism.

[10]Collin Hansen, Young, Restless, and Reformed: A Journalists Journey with the New Calvinists (Wheaton: Crossway, 2008), 12: “Reformed theology had recently become a major point of contention in . . . the Southern Baptist Convention.” Cf. pages 69-93. In a section of By His Grace and for His Glory, rev. ed. (Cape Coral, FL: Founder’s Press, 2006), entitled “Opposition in High Places,” Tom Nettles names Adrian Rogers, Jerry Vines, Frank Page, Roy Fish, and Paige Patterson among those who are opponents of the advance of biblically sound theology in SBC life (26888). Nettles states in a chapter entitled, “A Historical View of the Doctrinal Importance of Calvinism among Baptists” in Calvinism: A Southern Baptist Dialogue, ed. E. Ray Clendenen and Brad J. Waggoner (Nashville: B&H Academic, 2008), “At the same time, one could argue that these commonly held core affirmations are more consistently attested in the Calvinist system, and thus a decline in Calvinism will mean a decline in overall health of the churches” (52).

[11]Alister E. McGrath, Iustitia Dei: A History of the Christian Doctrine of Justification, 2d ed. (New York: Cambridge University, 1998), 2-3.

[12]Katherin A. Rogers, “Augustine’s Compatibilism,” Religious Studies 40:4 (2004), 415. See also, James K. Bielby and Paul R. Eddy, eds. Divine Foreknowledge: Four Views (Downers Grove: IVP, 2001). The chapter on determinism, written by Paul Helm, is called “The Augustinian-Calvinist View.”

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