La fuerza espiritual viene de adentro, de la escondida vida de Dios en el alma. Viene del Espíritu Santo (Mateo 10:20). La virtud de un alambre eléctrico no está en el alambre sino en su conexión con el generador. El poder del ministro no está en el pulido de su estilo o la efectividad de su ilustración o en su fervor o en el orden y arreglos de su discurso, sino que su poder está encontrado en la conexión viva con Dios y su capacidad de actuar como un eslabón de conexión entre Dios y el alma humana.
Orar y meditar son las firmezas o fuerzas del pastor. La verdad espiritual es revelada solamente a la mente espiritual (I Cor. 2:14). El amor de Dios, la condición del perdido, la gracia salvadora de Cristo, no son asuntos de frío, árido intelectualismo. La atmósfera de la oración será más sentida en la congregación en la actitud y tono y voz y gesto del predicador. Payson en su lecho de muerte dijo, “Orar es la primera cosa, la segunda cosa y la tercera cosa necesaria para el ministro”. Whitefield pasó horas de cada día en sus rodillas con la Palabra de Dios abierta ante él. Jesús pasó algunas veces la noche entera en oración.
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