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TU RELACIÓN CON OTROS CON COOPERACIÓN # 2 JEFREY BUSH

by | Jun 16, 2017 | Ministerio | 0 comments

Levantando el nombre de tu hermano

Mi anhelo es presentar un pasaje de la Biblia que es malinterpretado por muchos. Hace años, mi esposa y yo leímos un libro donde el autor usó este pasaje para defender una posición que no era bíblica. No es mi intención irme por las ramas, pero permítanme presentar el pasaje y mostrar un principio que es muy importante para la vida cristiana, y especialmente en el ministerio de Dios.

En Génesis 38 leemos la historia donde uno de los hijos de Judá muere y Judá le dice a su otro hijo (Onán), que tome la esposa de su hermano para levantar descendencia a su hermano (vs. 8). Después de escuchar las instrucciones de su padre, Onán toma a la mujer de su hermano, pero “sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano” (vs. 9). Su responsabilidad era levantar descendencia para su hermano teniendo un hijo y dándole el nombre de su hermano muerto – pero no quiso levantar nombre para su hermano sino para sí mismo. En el ministerio muchas veces sucede lo mismo – nadie quiere levantar el nombre de otro, siempre queremos el crédito, la fama y ser reconocidos por lo que hicimos sin la ayuda de otro. La Biblia dice que lo que hizo Onán, pensar en sí mismo y no en su hermano, le desagradó a Dios tanto que Dios le quitó la vida (vs.10). Queridos hermanos, es nuestra responsabilidad delante de Dios dar el crédito a nuestro hermano, hacerle quedar bien y levantar su nombre, no nuestro nombre. Recuerdo que tiempo atrás leí un libro que decía que muchos líderes se miran al espejo cuando las cosas fructifican, cuando, en vez de mirarse al espejo dándose a sí mismos el crédito, deberían mirar por la ventana, dando el crédito a los demás. El espejo nos refleja a nosotros mismos, pero la ventana nos permite ver a los demás. El obrero de Dios debe aprender bien este principio – es mejor dar el crédito a otro en vez de aceptar el crédito para sí mismo. Ninguno que ha sido “exitoso” lo alcanzó solo, más bien hubo mucha gente ayudando, animando y dándole una mano en el camino. Podemos hacer mucho más si no estamos preocupados por quien reciba el crédito.

Cuando Dios nos da una oportunidad de compartir en la iglesia de otro o estar detrás del púlpito, es mejor hablar bien de otros en lugar de hablar bien de nosotros mismos. Si podemos aprender a levantar el nombre de nuestros hermanos, estoy convencido que tendremos más ayuda y podremos hacer más trabajo en el ministerio. A Dios no le gustó cuando Onán no quiso levantar el nombre de su hermano… y tampoco le gusta cuando nosotros no levantamos el nombre de nuestros hermanos.

Ayúdales a encontrar su lugar

 Muchas de las cosas que estoy presentando en este libro, son cosas que he aprendido después de equivocarme tanto. Este tema específico es algo en lo cual me equivoqué mucho, el de ayudar a cada persona a encontrar su lugar. Es mi deseo que puedes ver mi error y evitar cometerlo en tu propia vida.

Cuando comencé en el ministerio, deseaba que cada hombre terminara siendo predicador y cada mujer terminara casándose con un predicador. Lo creí tanto que a veces empujé a las personas a tomar posiciones o hacer ministerios de los cuales ni tenían ganas de hacer. Me acuerdo en una oportunidad diciendo a un joven que tome una clase de chicos adolescentes y que les enseñe y prepare. El joven hizo todo en su poder y al final de un año o tantos meses, me dijo que no pensaba que podía continuar. Lo pensé y le di otra responsabilidad para ser un asistente en otra clase, pero tampoco resultó. Por tiempo lo moví de un lado al otro y parecía que no resultaba en las áreas y responsabilidades que le daba. Pasó mucho tiempo y un día le vi testificando y trayendo personas a la iglesia. Le pedí que ayude a enseñar a otros como hacer lo mismo que estuvo haciendo y empezó no solo a hacerlo, pero estuvo produciendo a 100 por 1. Era impresionante como Dios le estaba usando… y hoy en día él continúa haciendo exactamente lo mismo. El problema de que no encajaba bien en las otras áreas es que las otras áreas no eran donde tenía que estar. Cuando por fin dejé de empujar, Dios me enseñó que Él pudo hacer la obra sin mi ayuda.

Mi responsabilidad en el ministerio no es forzar a la gente a trabajar en el ministerio, más bien es ver donde uno puede encajar bien y dejarle desarrollarse allí. Dios nos enseña que cada miembro en el cuerpo tiene una función – todas diferentes, pero todos tienen una función. Siento muy fuerte que debo simplemente ayudar, enseñar y animar a las queridas ovejas que Dios me da y dejarles desarrollarse en el área donde mejor pueden servir.

Estoy aprendiendo que cuando uno persona está sirviendo en el área que le gusta, está contento y animado, pero está sirviendo en un área en que no le gusta, se siente frustrado y desanimado. Que Dios nos ayude como obreros de Dios a poder ayudar a cada persona a encontrar el lugar donde puede ser exitoso sirviendo al Señor.

 

 

 

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