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Tu relación con otros con amabilidad #1 por Jeffrey Bush

by | May 12, 2017 | Ministerio | 0 comments

La Hospitalidad

La hospitalidad es una característica muy importante para cada creyente, pero especialmente para una persona que está trabajando en el servicio del Señor. La hospitalidad es la “cualidad de hospitalario, acogedor”. Dios quiere que Sus hijos muestren hospitalidad a otros. Romanos 12:13 manda al cristiano ir “practicando hospitalidad”. Cuando practicamos la hospitalidad, estamos cumpliendo con el mandato de amar al mundo sin Cristo y con el mandamiento de amarnos unos a otros.

Practicar la hospitalidad molesta la vida personal y privada de la persona que lo ejerce, pero Dios nos manda a practicar la hospitalidad.

Algunos pasos bíblicos para ayudar al obrero de Dios a mejorar y practicar la hospitalidad son:

  1. Dios quiere que practiquemos la hospitalidad los unos con los otros “sin murmuración” I Pedro 4:9-10 Dios quiere que ayudemos, que demos una mano y practiquemos la hospitalidad hacia otros, pero quiere que lo hagamos con una buena actitud, sin murmuraciones.

En III Juan versículo 5 habla de prestar “algún servicio a los hermanos”. Veremos varios ejemplos bíblicos de creyentes que prestaron servicios a otros: el aposento que fue hecho para Eliseo (II Reyes 4:10-11) y el matrimonio que ayudó a Apolos (Hechos 18:24-26). Hoy también podemos mostrar hospitalidad prestando servicios a otros (usar el auto para llevar a alguien a la iglesia, usar la casa para invitar a comer y compartir tiempo con alguien, usar nuestro dinero para ayudar a otras familias, … y mucho más). Dios quiere que mostremos hospitalidad, pero quiere que lo hagamos “sin murmuración”.

  1. Recuerda que la Hospitalidad es dar en el nombre del Señor y trae recompensa – Marcos 9:41 Cuando la viuda de Sarepta dio lo último de su aceite y harina a Elías (I Reyes 17), en sí estaba dando a Dios… y al final de la historia Dios la bendijo. Y cuando el obrero practica hospitalidad hacia otras personas, Dios lo ve. En Hechos 20:35, Pablo nos recuerda las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Dar de tu tiempo, bienes materiales, consejo o ayuda no es un mal gasto sino una inversión en la vida de otro.

En Mateo 25:35-36 y 40, se nos recuerda que, dando de comer, dando de beber y ayudando a uno de los hijos de Dios, lo estamos haciendo como si fuera para Dios mismo. Aunque es bueno recibir, es suficiente saber que estamos obedeciendo y agradando a nuestro Dios cuando practicamos la hospitalidad.

  1. La Biblia nos avisa y nos manda: “no olvides la hospitalidad” (hebreos 13:2) Debemos aprender a cómo tratar y hospedar a la gente. Creo que perdemos muchas bendiciones por no saber cómo ser de bendición a otras personas.

Si alguien está visitando la iglesia, le debemos saludar con una sonrisa y amor cristiano, le debemos mostrar dónde se puede sentar, dónde está el baño, presentarle al pastor y a otras personas, sentarnos a su lado, ayudarle a encontrar los pasajes bíblicos y hacer lo que sea necesario para que el visitante se sienta cómodo. Mostrar, practicar y no olvidar la hospitalidad es muy importante en la vida del obrero de Dios. En la iglesia, casa, trabajo y calle, el obrero de Dios no debe olvidarse de la hospitalidad. En II Corintios 8:12-14, se nos enseña que nuestra abundancia suple la necesidad de los santos. El auto que Dios me dio, la casa que Dios me dio, el dinero que Dios me dio, los talentos que Dios me dio y todo lo que tengo, son instrumentos que Dios me dio para mostrar y practicar la hospitalidad. Que Dios nos ayude a no tener una actitud de no querer ayudar y ser de bendición a otros – ¡no olvides

la hospitalidad!

Amando a la Gente

Este tema es algo que todos sabemos, pero no siempre hacemos. Parece algo muy simple y no tan necesario para estudiar, pero la falta de este elemento importantísimo puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso de nuestros ministerios.

Antes de mi llegada a Argentina, estudié mucho sobre el país, sobre la gente y la cultura. Estudié cómo al argentino le gusta su mate, su fútbol y su asado. Me enamoré con la cultura y la gente aun antes de pisar la tierra Argentina. Pensé que sabía lo que era el amar a la gente, pero poco tiempo después de llegar, aprendí que el argentino tiene mucho en común con el norteamericano, el peruano y todos los países que existen. El argentino tenía su humor, sus fallas, sus malos hábitos y costumbres, el argentino es un ser humano como todos. Por nada en el mundo estoy hablando mal de un grupo de personas, sino que quiero usar mi ejemplo propio para hacer más clara la lección: el amar a la gente no es una emoción del momento sino una acción constante. Es fácil decir que amamos a alguien, pero hasta que no lo mostramos, son nada más que palabras vacías.

Como Cristianos, Dios nos manda a amar a los demás (I Juan 4:7-8, 20-21) y aun nos enseña que el mundo creerá cuando vean el amor de Dios en nuestras vidas. Lamento decirlo, pero mi “amor” por mucho tiempo era nada más que una emoción. Una emoción cambia cuando no es

conveniente, pero el amor sigue obrando porque es constante. Amar a la gente no es lo más fácil o divertido de hacer, pero es de suma importancia para un hijo de Dios que quiere servir en la obra. Cuando aprendí a amar a la gente, la gente empezó a aceptarme más. Por supuesto, hay tiempo para decir lo que es pecado y malo, pero cuando hay amor, es mucho más probable que la gente conozca y crezca en nuestro Señor Jesucristo. Cuando aprendí a amar a la gente, aprendí que a la gente no le importaba tanto mi apariencia, experiencia y falta de inteligencia – solo querían ver mi amor. El amor puede cambiar una casa destrozada, un matrimonio destruido y gente distanciada de Dios. El amor puede hacer crecer a una iglesia y sus ministerios – tanto en madurez como en número.

Nuestro Señor Jesucristo amó a la gente y nos enseña a nosotros a cómo amarla (Mateo 9:36 y 15:32 es un ejemplo del amor que nuestro Señor tiene por la gente). Cada persona en nuestros ministerios es diferente, pero cada persona necesita ser animada, abrazada, respetada, fortalecida y… amada. Que sea rico o pobre o de cualquier nacionalidad, cada persona necesita ser amada – y Dios nos puso en sus vidas para mostrarles ese amor. Es mi intención animar a los lectores que busquen el amar más a las personas que Dios ha puesto en sus ministerios. ¿Cuándo fue la última vez que visitaste a una persona que Dios puso en tu ministerio? ¿Cuándo fue la última vez que llamaste o mandaste un mensaje de texto para animar a una persona? ¿Cuándo fue la última vez que invitaste a una persona a tu casa para tomar café o cenar? ¿Cuándo fue la última vez que escribiste una carta

a una persona agradeciéndole por lo que hace o lo que es para tu vida? ¿Cuándo fue la última vez que simplemente mostraste amor a una persona? Es fácil molestarnos, enojarnos y reprender a una persona, pero debemos mostrarle el amor del Señor también. Alguien dijo que por cada vez que reprendas a una persona, debes amarle o animarle 10 veces.

Charles Spurgeon dijo que se puede atraer más con miel (lo que es dulce) que con hiel (lo que es amargo). Nuestras iglesias, clases, familias y ministerios avanzarán mucho más con amor que con cualquier otra cosa. El dinero, talento, inteligencia y experiencia no pueden reemplazar el amor. Que Dios nos ayude a mostrar amor a la gente que Él puso en nuestras vidas y ministerios. Que dejemos de decirles que les amamos y empecemos a mostrarles que les amamos.

 

 

 

 

 

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