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REGLA DE ORO PARA INTERPRETAR LA BIBLIA JOHN PHILLIPS #3

by | Sep 18, 2017 | Ministerio | 0 comments

 

  1. Interpretamos gramaticalmente. Debido a ello, es deseable algún tipo de conocimiento de los idiomas en los que fue escrita la Biblia. Las traducciones de la Biblia pueden ser útiles, pero una traducción, independientemente de cuán cuidadosos hayan sido sus traductores, sigue siendo una traducción. Siempre se pierde algo cuando se traduce un mensaje de un idioma a otro. Con la ayuda de un buen diccionario y varios volúmenes reconocidos sobre términos bíblicos, las personas que no saben hebreo y griego pueden vencer su problema hasta cierto punto, por lo menos hasta determinar la etimología y el significado de las palabras. Por supuesto, la sintaxis (la disposición de las palabras) es otro asunto.

Dios ha comunicado su mentalidad al hombre en palabras y las palabras que Él usa son todas vitalmente importantes. No las utiliza de manera arbitraria sino con la precisión más cuidadosa. Tomemos, por ejemplo, la palabra que con frecuencia se traduce como “infierno” en la Biblia Reina-Valera Antigua. Proviene de una palabra griega, hades, que literalmente significa “invisible”. Denota entonces el lugar que es invisible, la morada de los espíritus que partieron. Pero otras palabras se traducen de manera similar en nuestra Biblia. Sheól, gehena y tártaro, por ejemplo, todas se refieren al mundo invisible. Los alumnos deben conocer con exactitud con qué palabra están tratando y en qué sentido se usa la palabra en el pasaje que se está estudiando.

Un conocimiento de las palabras originales de la Biblia puede enriquecer la comprensión de las Escrituras. Tomemos por ejemplo la palabra traducidas como “disfrazan” en 2 Corintios 11:13-14. El pasaje dice: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”. La palabra traducida como “disfraza” es metasjematízo y significa “cambiar la apariencia exterior, alterar la forma, alterar la presencia, la apariencia o la manera de uno”. Conlleva la idea de tomar una expresión externa que no refleja en verdad la naturaleza interna. Kenneth Wuest, que ha hecho mucho por popularizar y explicar el Nuevo Testamento griego para el lector medio, dice que la palabra “mascarada” transmite de manera exacta el sentido de la palabra. Cuando cayó Satanás, se convirtió en un ángel de las tinieblas pero se disfraza de un ángel de luz. Con razón, dice Pablo, esos falsos apóstoles se enmascaran como apóstoles de Cristo.

La sintaxis requiere un conocimiento más profundo de los idiomas originales que de su etimología. La disposición de las palabras en una oración, por lo menos en parte, determina el uso de la palabra. Disponemos palabras en oraciones para transmitir ideas completas. El estudiante diligente debe dominar los idiomas originales o bien buscar una ayuda competente para determinar asuntos relativos a la sintaxis de las oraciones que se están estudiando. (Evidentemente no todos pueden ser expertos en gramática o filólogos —y después de todo, gran parte de la Biblia puede interpretarse de manera adecuada sin recurrir a los idiomas originales— así que nadie debe desalentarse por tener que pedir ayuda.)

Sin embargo, un ejemplo será suficiente para demostrar cuán valiosa puede ser la interpretación de las Escrituras. En Hebreos 1:1-2 leemos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”. El primer verbo “hablar” está en participio aoristo y debe interpretarse como: “Dios habiendo hablado”. El segundo es un indicativo aoristo. El gramático comprendería a partir de esto que Dios comenzó a hablar en el Antiguo Testamento pero no habló todo lo que estaba en su mente. Sin embargo, en Cristo Dios finalmente completó lo que tenía que decir.

Puesto que el significado de las palabras está determinado por el contexto en el que se las encuentra, siempre se debe prestar atención al contexto. Tomemos, por ejemplo, la declaración tan mal utilizada muchas veces: “entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2 P. 1:20). En el pasado, la Iglesia católica romana ha usado ese versículo para reforzar su posición de que la interpretación de la Biblia es función de la Iglesia, o de los individuos, y que la Biblia solo puede interpretarse de acuerdo con “el consentimiento unánime de los padres”.[1]

¿Qué dice 2 Pedro 1:20? ¿Cómo debemos comprender la frase “interpretación privada”? La palabra “privada” es ídios, que aparece aproximadamente ciento catorce veces en la Biblia y casi siempre se traduce como “su propia”. En ningún lugar se traduce como “privada” salvo aquí. La palabra interpretación es epílusis que significa “perder”, “resolver”, “explicar”. El contexto le da el sentido. El siguiente versículo dice: “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (v. 21). En otras palabras, los autores de las Escrituras no pusieron su propia construcción sobre las palabras dichas por Dios que ellos escribieron. La referencia en 2 Pedro 1:20 no es tanto hacia la forma en que interpretamos un pasaje de las Escrituras como hacia la forma en que lo manejaron los autores. Se refiere al proceso de inspiración y no a los problemas de interpretación. El contexto lo hace claro.

La mayoría de nosotros, en la escritura y conversación comunes, no intentamos ocultar lo que queremos comunicar. Decimos, tan llanamente como sabemos hacerlo, justo lo que deseamos transmitir. Dios también hace eso. Deberíamos aplicar las mismas leyes de la Biblia que aplicamos a las palabras de Shakespeare o de Einstein o a las del hombre de la casa de al lado.

Puesto que el principio gramatical de interpretación es tan importante, los dos próximos capítulos de este libro se dedican a explicarlo con mayor detalle y presentan ejemplos adicionales.

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