REGLA DE ORO PARA INTERPRETAR LA BIBLIA JOHN PHILLIPS #2

by | Sep 11, 2017 | Ministerio | 0 comments

REGLA DE ORO PARA INTERPRETAR LA BIBLIA JOHN PHILLIPS #2

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  1. Interpretamos culturalmente. Para un entendimiento inteligente de algunas partes de la Biblia debemos saber algo de la geografía y del clima del país y de las costumbres e historia de la época. La Biblia no se escribió en el siglo XX, ni fue escrita en occidente. Se escribió a lo largo de un período de 1.500 años en lugares tan lejanos entre sí como Persia en oriente y Roma en occidente y fue escrita por personas procedentes de muchos caminos de la vida. Moisés y Daniel eran estadistas. David, Salomón y Ezequías eran reyes. Amós era un vaquero, Josué, un soldado. Esdras y Ezequiel eran sacerdotes, Mateo era un recaudador de impuestos. Pedro y Juan eran pescadores, Lucas, médico, Pablo, un erudito. El trasfondo cultural de Éxodo es bien diferente del de Oseas. Casi un siglo separó a Jeremías de Isaías. Durante ese siglo surgió toda una nueva situación internacional. Cuatrocientos turbulentos años intervienen entre Malaquías y Mateo. Al estudiar las historias y profecías del Antiguo Testamento y los libros históricos del Nuevo Testamento, es fundamental tener algún conocimiento de las épocas.

También debemos conocer algo sobre la geografía de la Biblia, que es rica y variada. Leemos acerca de montañas, ríos, llanuras, ciudades, cosechas, clima, estaciones, vegetación y animales. Un buen diccionario de la Biblia puede ser útil ya que se especializa en brindar información acerca de estas cosas.

El conocimiento de la geografía de la Biblia nos ayudará, por ejemplo, a comprender el Salmo 29. En realidad es una descripción de una tormenta que dejó una impresión duradera en el alma de David. Sucedió sobre el Mediterráneo (vv. 3-4) y David describe la vista espectacular de la tormenta afuera, en el mar. Luego pasó a la tierra, sacudiendo los poderosos cedros del Líbano y tronando a través de los barrancos del Monte Hermón (Sirión) en el norte (v. 6). A partir de allí, la tormenta se movió hacia el sur sobre el desierto de Cades (v. 8). Sus tremendas reverberaciones hicieron que los becerros nacieran prematuramente. Su viento y su lluvia dejaron despojados los bosques (v. 9). Así, David rastrea el avance de la tormenta desde su primera aparición sobre el Mediterráneo hasta su desaparición final en los desiertos del sur. Luego realiza observaciones y aprende lecciones de la tormenta.

O tomemos, por ejemplo, Ezequiel, capítulos 38 y 39. Es vital recordar que toda la geografía de la Biblia toma como centro Palestina. Cuando leemos sobre una invasión que viene “de las partes más distantes del norte”, comprendemos en seguida que esto es el norte, no de Pittsburg o de París, sino de Palestina.

Cuando leemos sobre las “siete iglesias de Asia”, no pensamos en un puñado de iglesias en la India, China o Japón. La geografía bíblica dirige nuestra atención a la provincia romana de Asia Menor, una parte de lo que ahora conocemos como Turquía. Muchos de los incidentes en la vida del Señor Jesús pueden comprenderse mucho mejor, dado un conocimiento de la geografía de Tierra Santa.

La Tierra Santa era realmente bastante pequeña, según nos lo muestra la tabla de distancias (en el Israel moderno) en la página siguiente. Las distancias se dan en kilómetros.

¿Quién querría estudiar los viajes misioneros de Pablo sin algunos buenos mapas bíblicos? (Asegúrese de ver la lista de libros útiles enumerados en el Apéndice.)

La historia de la Biblia es tan colorida como su geografía. La Biblia fue escrita con el surgimiento y la caída de grandes imperios como trasfondo. Egipto y Asiria, Babilonia y Persia, Grecia y Roma, todas marchan por sus páginas. Canaán y Siria, Moab y Edom, Amón, Filistea y Arabia, todas vienen y van. Jerusalén, Gaza, Damasco y muchas otras ciudades llenan sus páginas.

Beerseba Cesarea Capernaum Damasco Dan Gaza Haifa Jerusalén Megido Tel Aviv
Beerseba 218 267 390 330 43 258 86 214 131
Cesarea 218 101 224 163 152 48 131 35 77
Capernaum 267 101 128 64 243 83 181 94 168
Damasco 390 224 128 101 366 197 304 218 291
Dan 330 163 64 101 306 136 243 157 230
Gaza 43 152 243 366 306 182 96 160 88
Haifa 258 48 83 197 136 182 162 32 107
Jerusalén 86 131 181 304 243 96 162 128 66
Megido 214 35 94 218 157 160 32 128 85
Tel Aviv 131 77 168 291 230 88 107 66 85

 

Trace un círculo con un radio de 1.400 kilómetros, con Jerusalén como centro, y abarcará Atenas, Estambul, Antioquía, Beirut, Damasco, Bagdad, Alejandría, El Cairo y la Meca. También abarcará el área en la que surgió la mayor parte de la civilización. De Jerusalén a Egipto hay solo 480 kilómetros; a Asiria o Babilonia, aproximadamente 1.100 kilómetros; a Persia, cerca de 1.600 kilómetros; a Grecia, aproximadamente 1.300 y a Roma, cerca de 2.400 kilómetros. Jerusalén está en la zona de paso para las grandes potencias imperiales de la antigüedad. Con razón su historia ha sido tan turbulenta. Fue sitiada muchas veces y tomada y saqueada una y otra vez.

El Monte de los Olivos está un poco más elevado que Jerusalén y sirve como pantalla para dividir la ciudad del desierto que llega hasta el Mar Muerto. Jerusalén misma está a 2.500 pies sobre el nivel del mar mientras que el Mar Muerto está a 1.290 pies por debajo del nivel del mar. Así, bajando de Jerusalén al Mar Muerto, el viajero desciende casi 4.000 pies hasta un clima tropical. Puede haber nieve en las calles de Jerusalén mientras que a 35 kilómetros en Jericó puede hacer calor. Jericó no está lejos del Mar Muerto. Podemos ver en la historia del Señor la verdad literal del hombre que “descendió” desde Jerusalén hasta Jericó. El valle del Jordán forma parte de un gran sistema de fisuras en la corteza terrestre y permanece cálido todo el año.

En las Escrituras leemos “desde Dan hasta Beerseba”, siendo las fronteras de la tierra en los tiempos históricos de la Biblia. Pensamos en ello como una gran distancia. Es menos de un día en automóvil. Hay solo 120 kilómetros desde Jerusalén a Nazaret. Belén está a apenas ocho kilómetros de Jerusalén. Desde Jerusalén a Capernaum hay apenas 40 kilómetros. Cuando David estaba con sus ovejas en las colinas de Judea alrededor de Jerusalén, él podía ver el país de los filisteos solo a 32 kilómetros al oeste. Toda la historia del Antiguo Testamento en Palestina tuvo lugar en un país más pequeño que Gales o las tierras altas escocesas.

La gran planicie de Esdraelón, donde se llevará a cabo la batalla de Armagedón, es un valle fértil lleno de vegetación y granjas. Más de un ejército de la antigüedad marchó por ese campo fatídico. Los ejércitos de Egipto, Asiria y Babilonia caminaron por él. En algún lugar allí, Barac obtuvo su victoria sobre Sísara y sus novecientos carruajes de hierro. Allí el buen rey Josías enfrentó la muerte intentando detener una invasión egipcia de su tierra. Sobre las colinas que miran hacia allá abajo, el rey Saúl pasó furtivamente para encontrarse con una bruja. El viñedo de Nabot no estaba lejos de la gran planicie. La cadena montañosa del Carmelo, donde Elías castigó a los profetas de Baal, se eleva desde el extremo de esa amplia área.

Nazaret misma, no muy lejos, era una especie de gran división, no solo entre el norte y el sur, Judea y Galilea, sino entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. Nazaret, geográficamente, es una ciudad fronteriza, el puente entre dos mundos. Fue el lugar donde el viajero le decía un “adiós” final a Judea y un “hola” a Galilea al dirigirse al norte y lo opuesto al dirigirse al sur. Hacia el sur estaba la Jerusalén exclusiva, aristocrática y formal. Hacia el norte estaba la Galilea de los gentiles, con caminos militares romanos desde Siria y antiguas rutas comerciales desde el lejano oriente.

Girando hacia el este, uno pasaba Caná y nuevamente llegaba a las colinas, pasando una colina con forma de montura que más adelante se llamó los Cuernos de Hattin, donde Saladino quebró el poder de los cruzados en Palestina. Luego los viajeros veían por primera vez el Mar de Galilea, unos 1.000 pies más abajo, con el zigzagueante río Jordán de un lado y girando y retorciéndose nuevamente del otro. El Mar de Galilea mismo está a unos 700 pies por debajo del nivel del mar. Tiene forma de corazón, 21 kilómetros de largo y aproximadamente 11 kilómetros en su parte más ancha. Está bordeado por montañas cuyas cumbres están en una zona templada y cuyos pies están en una zona subtropical, donde pueden crecer bananas, palmeras y bambúes. Lejos hacia el norte del Monte Hermón se eleva su pico nevado.

En la época de Jesús las colinas de alrededor del lago estaban revestidas de árboles. Los acueductos proporcionaban irrigación. La orilla occidental era una cadena de populosas aldeas y ciudades con verdes jardines, mercados llenos de gente, florecientes desembarcaderos e industrias enérgicas.

La ciudad principal era Tiberias, un centro de la vida romana que Jesús nunca visitó (por lo que sabemos). Allí los griegos y los romanos se codeaban con los galileos nativos. El espléndido palacio herodiano estaba allí, con sus esculturas griegas que ofendían las sensibilidades de los judíos ortodoxos. Allí, también, había un anfiteatro y teatros donde se podrían ver espectáculos de viajeros o luchas de gladiadores, como si se tratara de la misma Roma.

Capernaum, donde Jesús fundó su hogar, estaba solo a 16 kilómetros de la Tiberias romana con sus baños y famoso balneario. Cruzando el lago, las colinas silvestres de Gergesa se apiñaban hacia la orilla.

Aquí fue donde vivió Jesús, donde desfilaron los soldados romanos, donde florecieron los mercaderes griegos, donde los fenicios difundieron sus mercancías exóticas provenientes de tierras distantes más allá del mar, donde las caravanas del este se detenían, donde los soldados y los seguidores de los campamentos se codeaban con gladiadores y juglares, donde los judíos y los gentiles se encontraban en una relación complicada. Jesús eligió no vivir en el centro teológico de Jerusalén, ni entre los esenios ascéticos en el desierto, ni siquiera en la decorosa pero dudosa Nazaret, sino en la abundante Capernaum donde se cruzaban y volvían a cruzar personas de muchas tierras en sus viajes.

El mar de Galilea, habitualmente plácido y quieto como un espejo, está sujeto a tormentas repentinas y violentas que agitan el lago con olas enormes muy capaces de hundir pequeños barcos bajo su superficie. El motivo puede encontrarse en las colinas que lo rodean. Los vientos del oeste vienen soplando por encima de las tierras elevadas, bajan con fuerza sobre el lago a través de muchos desfiladeros y valles y luego surgen con mucha furia sobre el agua que está a bastante profundidad. Como resultado, el mar de Galilea puede ser calmo en un instante y salvaje en el siguiente.

Cuando el lago está calmado tiene otra propiedad, utilizada por el Señor Jesús al dirigirse a las grandes multitudes que se apiñaban en sus orillas para oírlo hablar. Él hacía que las miles de personas se sentaran sobre las laderas mientras que Él mismo permanecía de pie en el borde del agua de espaldas al lago, frente a la multitud o, si no, se sentaba cerca de la orilla en un barco. No necesitaba levantar la voz. Hablaba en un tono de conversación y el lago tras Él, actuando como un altavoz natural, alzaba su voz, la amplificaba y la llevaba por las laderas. Una vez me dirigí a un grupo de hombres de este modo, cerca de Capernaum donde el Señor impartió gran parte de sus enseñanzas. Los hombres se sentaron bastante lejos, donde normalmente no hubieran podido oír a alguien hablar en un tono normal de conversación. Pero oyeron cada una de las palabras que pronuncié mientras les leía, en un tono de voz normal, la historia del sembrador que fue a sembrar. El lago actuaba como micrófono del Señor y como amplificador, diseñado por y para Él cuando Él creó el mundo.

No puede haber duda alguna de que el conocimiento de la geografía bíblica le da color y realismo a nuestra comprensión del Libro.

Un conocimiento de la historia y de las intrigas políticas de la época, de antiguos reyes y sus campañas y de la estructura política de las naciones en la época de la Biblia también es útil para comprender algunas partes de la Biblia. Daniel 11 es prácticamente ininteligible si no se tiene conocimiento de las luchas políticas en Medio Oriente después de la caída del imperio griego. Cuanto más sepamos sobre la historia de los tiempos bíblicos, mejor equipados estaremos para detectar algunas de las sutilezas del texto. Por ejemplo, qué luz arroja sobre la rebelión de Absalón saber que Ahitofel era el abuelo de Betsabé. (Asegúrese de analizar la sinopsis de la historia de la Biblia que figura al final del libro.)

El conocimiento de las costumbres de la Biblia es tan importante como el conocimiento de la historia y la geografía bíblicas. Los antropólogos dividen la cultura de un pueblo en cultura material y cultura social. Cosas tales como herramientas, casas, armas, vestimenta y utensilios componen la cultura material de un pueblo. Las prácticas y costumbres, los ritos y las ceremonias, las costumbres religiosas, los asuntos económicos y la política componen la cultura social de un pueblo. Algunas cosas de la Biblia que confunden mucho al lector occidental moderno las comprendían perfectamente aquellos para quienes fue originalmente dirigida la Biblia.

Cuando el Señor les dio a sus discípulos instrucciones para encontrar un lugar en el que celebrar su última Pascua, les dijo que siguieran a un hombre: “que lleva un cántaro de agua” (Mr. 14:13). Puesto que solo las mujeres generalmente hacían ese trabajo, las instrucciones eran en verdad específicas. Hubiera sido poco común ver a un hombre llevar a cabo esa función particular en ese tiempo y esa época.

En Mateo 10:8-10 leemos que el Señor envió a sus discípulos a “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios”. Les dijo cómo debían actuar: “de gracia recibisteis, dad de gracia. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón” (vea también Mr. 6:8-9; Lc. 9:3). La palabra griega para “alforja” es péra. De un estudio de los papyri (documentos de todo tipo desde los tiempos griegos clásicos y bíblicos: cartas, contratos, relatos, recibos, tareas escolares, historias, facturas, etc.) nos enteramos qué era una alforja. Era una bolsa de recolección de un mendigo (no una bolsa llena de provisiones para mantenerlos en su misión). Los sacerdotes errantes de templos idólatras llevaban consigo bolsas de mendigo para recaudar dinero para el templo. El Señor les dice a sus discípulos que ellos no deben ganar dinero. Y que tampoco deben mendigar. El que los comisionó se ocuparía de todas sus necesidades.

Estos y otros puntos similares destacables de la cultura aportan mucho a nuestra comprensión de la Biblia.

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