Mentoría para las Misiones Por Günter Krallmann #9

by | Dic 20, 2017 | Misiones | 0 comments

Mentoría para las Misiones Por Günter Krallmann #9

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IMPLICACIONES MISIOLÓGICAS:

LA ASOCIACIÓN COMO ESFUERZO INDISPENSABLE PARA TODOS LOS ESFUERZOS DE DISCIPULADO

Jesucristo como el Mentor

Un mentor en el sentido bíblico establece una relación cercana con un protegido y en esa base mediante la comunión, modelamiento, consejo, ánimo, corrección, asistencia práctica y soporte en la oración influencia en su suplente para que obtenga una comprensión más profunda de la verdad divina, lidere una vida más piadosa y otorgue un servicio más efectivo para Dios.

Cuando se ejerce un rol de mentoría, el líder esencialmente opera como facilitador. A fin de promover la liberación plena de la personalidad y talentos del entrenado, él busca impactar holísticamente a éste último mediante la totalidad de su vida compartida. Como lo explicó M. G. King, “es precisamente esta influencia de todo el ser de uno que ningún curso, ningún seminario, ningún libro, puede satisfacer. Se requiere vida, se requiere experiencia, se requiere contacto con un alma humana, se requiere ejemplo y se requiere emulación. En resumen, se requiere mentoría.”

Investigaciones hechas hasta la fecha han develado que el Señor Jesucristo cumplió la función de facilitador para sus doce entrenados de una forma incomparable. Su método de siervo ilustró la caracterización de liderazgo de W. Benniss como “no tanto el ejercicio del poder mismo sino el empoderamiento de otros.” En esta etapa de nuestra investigación parece beneficioso darle una revisión a los principios claves de la mentoría que aplicó el Maestro. En gran parte ya se les dio atención detallada y se corroboró a partir de los Evangelios en las secciones precedentes; por consiguiente sólo algunos de ellos tendrán una elaboración adicional ahora. De manera más específica las directrices subsiguientes derramarán más luces al trabajo preliminar, técnica y resultados de la mentoría llevada a cabo por el Señor Jesús.

El fundamento de la mentoría de Jesucristo de los Doce fue puesto mediante elementos esenciales como:

Su obediencia total a Dios

Su unción

Su profundo amor por sus seguidores

Su intercesión por ellos

Su confianza en la obra de Dios en ellos

Su compañía transparente

Su preocupación primaria por el desarrollo del carácter

En correspondencia al modelo de Jesús el apóstol Pablo también combinó la labor evangelística dirigida a las multitudes con el entrenamiento de liderazgo dirigido a las personas. Se puede deducir que buscó el segundo de estos fines en la misma base que la de su Señor al ver las instrucciones dadas a su discípulo estimado Timoteo.

Parece particularmente notable el enfoque principal en el crecimiento del carácter que percibimos tanto en Jesucristo como en Pablo. Este énfasis llega a ser más plausible cuando uno se da cuenta que más que cualquier cosa el carácter del líder sirve como espejo para ver que la semejanza a Cristo esté presente o ausente en su vida y como determinante crucial para sus acciones. Además, mientras su carácter se sustenta con más firmeza, el ministerio puede prosperar más. Sin embargo las fallas en el carácter pondrán en peligro o incluso arruinarán sus esfuerzos. Wong Ming-Dao, el gran cristiano chino también conocido como un ‘Varón de Acero,’ transmitió el potente veredicto, “Una persona con un carácter manchado es una persona indigna de trabajar para Dios.”

Entre los aspectos importantes de la técnica de mentoría de Jesús se debe reconocer:

Su método fue relacional

Su método fue informal

Su método fue oral

Su método fue portátil

Modeló

Enseño

Posibilitó la aplicación práctica

Animó

Corrigió

Enfatizó la indispensabilidad del empoderamiento divino

Desde el punto de comienzo que dice “el verdadero crecimiento espiritual se lleva a cabo principalmente en el contexto de las relaciones,” el Maestro ideó un programa de entrenamiento que era informal y oral al mismo tiempo. Convirtió el total de las experiencias de la vida cotidiana en una gran clase para los Doce y tejió los hilos de su instrucción de manera más natural dentro del patrón global de los eventos ordinarios. Mediante conversaciones de entrenamiento, diálogos, preguntas y respuestas así como discursos, parábolas y proverbios Jesús puso en los recuerdos de sus discípulos aquellos preceptos elementales que iban a gobernar su compromiso futuro en la extensión del reino de Dios.

Un observador astuto no puede evitar reconocer cuán inmensamente relacionado a la vida, concreto y dinámico fue el modo de entrenamiento del liderazgo de Jesús y que él conscientemente rechazó cualquier tendencia de formalizarlo, estructurarlo o institucionalizarlo, – desafortunadamente una inclinación a la que en los tiempos modernos todos muy a menudo han cedido, especialmente en el mundo occidental. De manera sorprendente Jesús ni siquiera vio la necesidad de redactar un manual o cosa parecida para sus seguidores; en lugar de ello se limitó a plantar semilla de verdad de manera oral, dejando la provisión del registro escrito de su vida, palabras, obras y misión a los cuatro evangelistas. Jesús se aseguró que la aparición y crecimiento de la fuerza de cosecha global energética que inició no sea ahogada o incluso resistida por una receta estática para la instrucción de sus líderes. No vino a establecer una organización bien estructurada sino a engendrar un movimiento diseñado para ser activado y fomentado esencialmente no a través del esfuerzo humano sino al movimiento del Espíritu Santo.

Una de las intenciones principales del Maestro en el entrenamiento de sus amigos fue que ellos en el futuro recuerden y reproduzcan lo que habían aprendido a través de su asociación con él. “Reproducir efectivamente el comportamiento en situaciones apropiadas,” C. C. Manz y H. P. Sims Jr. señalan, “requiere de un modelo mental de los detalles del comportamiento deseable para guiar a la acción.”57 El Señor apuntaba a generar tal patrón mental que encienda la transferencia conductual exitosa bajo circunstancias diferentes recurriendo ampliamente a la triada de modelamiento, enseñanza e implementación.

Hemos visto vez tras vez la relevancia fundamental del modelamiento de Jesucristo. La aplicación de parte de los discípulos le proveyó tanto para ellos y su Señor oportunidades recurrentes para medir su progreso, fe, coraje y conocimiento así como para probar su compromiso, obediencia, humildad y fidelidad. Con respecto a la enseñanza de Jesús se debe prestar atención a una herramienta simple pero poderosa que utilizó con habilidad y estrategia también en la mentoría de los Doce – las parábolas.

Para sus entrenados el ejemplo de Jesús que surgía de su compañía constante era equivalente a un estudio de caso continuo. Además hizo que pongan atención a otras demostraciones visibles de ciertas verdades que deseaba que aprendan (cf. e.g. Mr. 12:41-44, Mt. 26:6-13, 8:5-13). Aparte de estos estudios de caso reales y observables Jesús se valió de las parábolas para que sean estudios de caso imaginarios que traigan a casa ciertos preceptos relevantes y patrones de comportamiento situacionales (cf. e.g. Mt. 7:24-27, 25:14-30, Lc. 10:30-37, 11:5-13, 12:16-21).

¿Por qué Jesús hizo tal uso llamativo de las parábolas en su mentoría de los Doce (Mr. 4:33.34)? Al no haber ayudas visuales complejas como las que son accesibles en muchos lugares hoy en día, él mediante las parábolas realizó la visualización interna en sus oyentes. Para ellos, seguir sus representaciones era del algún modo equivalente a ver una película ante los ojos de su mente. De forma simultánea fueron integrados en un proceso de aprendizaje en el cual Jesús dejó espacio para que descubran por sí mismos la verdad, consciente de que esta perspectiva penetra más profundamente y es mejor retenida. La forma llamativa y memorable de sus narraciones además ayudó a preservar lo esencial de su instrucción. Mediante cada situación de vida potencial representada delante de sus ojos el Maestro les proveyó a sus discípulos la oportunidad de continuar un examen imaginario, para así decirlo, proporcionándoles la alternativa, que requiere de mucho tiempo, de aprender la misma lección de manera experimental en base a la prueba y error.

Así podemos notar que, por un lado, Jesús materializó extraordinariamente la percepción pedagógica que dice que “el mejor maestro puede convertir el oído en un ojo.”59 Por otro lado, el prototipo de Jesucristo demostró, a todos los involucrados en el desarrollo de liderazgo, el valor sumo de los estudios de caso imaginarios como medios para infundir, cultivar, consolidar, acelerar y preservar tanto el aprendizaje cognitivo como el conductual. Cualquiera que desee tener éxito en su mentoría de otros no puede darse el lujo de descuidar alguna de estas dos lecciones pertinentes.

  1. Stalker dijo una vez, “Para los Doce la parte más valiosa de su conexión con Cristo simplemente fue el privilegio de estar con él – de ver esa vida maravillosa día tras día y de recibir a diario la huella de Su carácter silencioso, casi desapercibido.”60 Después de su dotación del Espíritu Santo, los discípulos verdaderamente manifestaron los resultados extraordinarios del método de discipulado consocional de Jesús y la consiguiente inversión en la mentoría holística que puso en sus vidas. Por ejemplo podemos reconocer:

Eran hombres de obediencia y humildad

Eran hombres de fe y oración

Eran hombres de valores claros y prioridades

Comunicaron lo que se les enseñó

Se comprometieron en el discipulado de otros

Operaron como líderes

Continuaron y extendieron la causa de su Maestro

Será suficiente agregar unos cuantos comentarios a los puntos recién mencionados.

Una vez mientras tenía comunión con los Once después de su resurrección, Jesús resumió todo lo que deseaba que fuesen en tres palabras: “me seréis testigos” (Hch. 1:8). Ellas especificaron tanto el propósito y el producto final por los cuales había sido su mentor, es decir, testificarían mediante sus personalidades, palabras y obras de manera auténtica en su nombre y multiplicarían su testimonio semejante a Cristo a través de las vidas de otros.

Pablo captó de atención de su entrenado Timoteo hacia la necesidad de testificar para el Señor Jesús (cf. 2 Ti. 1:8) y le desafió a que reproduzca y multiplique su testimonio según la breve fórmula, “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Ti. 2:2). En el corazón de esta estrategia magistral de asegurar testimonio confiable y madurez espiritual en varias generaciones espirituales estaba el elemento de la enseñanza.

Con respecto a esto el apóstol reiteró la directiva incluida en la Gran Comisión (cf. Mt. 28:20) que los contenidos de nuestro testimonio compartido no deben ser otros sino las palabras que Jesús ordenó. Puesto que Pablo, estando totalmente en línea con la tutoría rabínica que había experimentado, se sintió obligado a transmitir lo que había recibido (cf. 1 Co. 11:23), animó a Timoteo a agarrarse fielmente de la enseñanza de Cristo (cf. 1 Ti. 6:3) y alabó a los creyentes corintios por adherirse a la instrucción que él mismo había compartido con ellos (1 Co. 11:2).

Al juzgar por la perspectiva gemela de que la grandeza de un líder se puede medir por los logros de sus seguidores y que el éxito sin exitosos no es verdadero éxito, Jesucristo sin duda fue el líder más grande que la historia haya visto. El genio inigualable de su método de mentoría fue que al entrenar buenos líderes de hecho levantó líderes sobresalientes, que una vez encendidos, alumbrados y vigorizados por el Espíritu Santo, se volvieron triunfadores excelentes para el Señor.

El Antiguo Testamento ya expresó la necesidad humana básica de ser conducido según la imagen del pastoreo (e.g. Nm. 27:16.17, Zac. 10:2). P. Keller comentó que “no es un simple capricho de parte de Dios llamarnos ovejas. Nuestros patrones de comportamiento y hábitos de vida son muy parecidos a los de las ovejas, es casi embarazoso.”61 Pensar en características como dependencia para ser dirigidos, temor, mentalidad de masa e incluso cierta disposición a la testarudez nos hace ver que este comentario es muy apropiado.

Juan registró en el décimo capítulo de su Evangelio cómo Jesús se refirió a sí mismo como “el buen pastor” (v. 11) y dio a entender varios paralelos entre un buen pastor y un buen líder espiritual.62 Así como el primero conoce a su rebaño (cf. vv. 3.27), el último conoce a sus seguidores bien, por ejemplo conoce sus antecedentes culturales y sociales, situaciones familiares, aspiraciones, fortalezas y debilidades. El hábito de los pastores palestinos era caminar delante de sus ovejas (v. 4), de la misma forma el mentor capacitado conduce a sus entrenados estableciéndoles dirección y ejemplo.63 Además, un buen pastor cuida de sus ovejas (cf. vv. 11-13); un buen líder espiritual ama a aquellos que se le han confiado, les anima y consuela.

Así como el pastor responsable le asegura alimento a su rebaño (cf. vv. 3.9), el líder concienzudo alimenta proveyendo atención, contacto personal, instrucción, ayuda práctica y apoyo con oración. Mientras que el pastor dedicado considera como parte de su cargo proteger a sus ovejas (cf. vv. 11.12.28), el líder comprometido guarda a sus seguidores del error, dolor o varios ataques. Finalmente el buen pastor se da a sí mismo por sus ovejas (cf. vv. 11.15); el buen líder de manera análoga comparte su vida con sus seguidores y está dispuesto a sacrificar tiempo, privacidad, energía y medios personales de su parte.

Aparte de la designación de “buen pastor,” también encontramos que el Señor Jesucristo fue llamado el “gran Pastor” (He. 13:20) y “Príncipe de los pastores” (1 Pe. 5:4). Esto abre nuestros ojos para darnos cuenta de lo que Chua Wee Hian dijo, “Cristo llama hoy en día líderes para que sirvan como pastores bajo Su mando,”64 y tales líderes nunca serán más que segundos en mando, nunca ascenderán más allá del estatus de siervos y administradores. El verdadero liderazgo espiritual sólo puede ejercitarse dentro de los límites del Dominio de Jesús. Él es quien lleva la autoridad y responsabilidad final, y requiere que sus pastores subalternos sean responsables y le rindan cuentas plenamente.

Entonces en relación al desarrollo de liderazgo en particular, la implicación es obvia: toda la mentoría bíblica es mentoría subalterna. En base a su compañía permanente (cf. Mt. 28:20), comunicada a través del Espíritu Santo (cf. Jn. 16:13-15), Jesucristo es el agente real y decisivo en la mentoría cristiana. No podemos hacer crecer a nuestros entrenados, pero podemos crear condiciones que son conducentes al crecimiento de Dios (cf. 1 Co. 3:7). Tampoco podemos provocar cambio en nuestros entrenados, pero podemos influenciarlos para que sean cambiados por Jesucristo. Por consiguiente no debemos solamente considerarlo un mentor del pasado, sino también como mentor en el presente. El prototipo de mentoría de Jesús no es simplemente un proyecto estático del pasado, es operacional como poder formativo a través del Espíritu Santo de hoy. En nuestros días y era, la promesa del Maestro, “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (cf. Mt. 4:19) no ha perdido su validez ni su autoridad.

Pablo en sus epístolas localizó con considerables detalles el envolvimiento real de Jesucristo en las vidas de sus seguidores. Según el apóstol, el Señor vive en ellos (cf. Gá. 2:20), de hecho es su vida (Col. 3:4); anima (cf. 2 Ts. 2:16.17), protege (2 Ts. 3:3), fortalece (Fil. 4:13), da entendimiento (cf. 2 Ti. 2:7), hace que se incremente el amor cristiano (cf. 1 Ts. 3:12), fomenta lo irreprensible y la santidad en ellos (cf. 1 Ts. 3:13), les da autoridad (cf. 2 Co. 10:8) y poder (cf. 2 Co. 12:9).

“Necesitamos volver a aprender los principios enseñados y practicados por Jesucristo y hacerlo nuestro mentor en liderazgo,” resumió M. Rush.65 Ahora entendemos con mayor claridad que el Señor Jesús, como modelo de entrenamiento, busca algo más que nuestro mero interés en él como precursor histórico, de hecho reclama nuestra entera confianza en él como posibilitador del presente.

Si nos comprometemos de esta forma también podemos ser mentores que les facilitemos a los suplentes la labor de liderarse a ellos mismos. “Liderar a otros para que se lideren a ellos mismos,” citando a Manz y Sims Jr. otra vez, “es la clave para explotar la inteligencia, el espíritu, la creatividad, el compromiso, y, más importante que todo, el potencial único y tremendo de cada individuo.” Todavía hay más, podemos preparar a nuestros entrenados para que guíen a otros efectivamente para que liberen su respectivo potencial en Dios. Una vez un colega dijo de Donald Fraser, misionero a Nyasalandia, “No hay nadie en el mundo como el Sr. Fraser que saque lo mejor de la gente y que les haga intentar su mejor esfuerzo. Nadie podría trabajar con él y no querer hacer algo.”¿No sería fantástico que aquellos que estén bajo nuestra tutela pudieran pronunciar tales palabras sobre nosotros?

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