Mentoría para las Misiones Por Günter Krallmann #5

by | Nov 16, 2017 | Misiones | 0 comments

Mentoría para las Misiones Por Günter Krallmann #5

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La Búsqueda de Testimonio de Jesucristo a través de los Doce

 En el entrenamiento de sus discípulos escogidos Jesucristo no aspiraba a que los Doce se conviertan en eruditos instruidos, teólogos inteligentes u oradores brillantes. Él especificó la función deseada en ellos diciendo:

…delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. (Mr. 13:9)

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. (Jn. 15:27)

Y vosotros sois testigos de estas cosas. (Lc. 24:48)

…y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hch. 1:8)

Jesús necesitaba levantar representantes de su causa para asegurar la continuación de su misión. De aquí que seleccionó un grupo de seguidores que, no por su capacidad intelectual o antecedentes académicos, sino por razón del carácter y actitud, calificaron para servir en este mismo propósito. Su educabilidad, simplicidad, honestidad y celo los hicieron resaltar para ser los únicos elegibles y así lleguen a ser sus voceros. Sin embargo, ¿cuál fue la importancia significativa para que Jesús bosqueje su rol futuro como testigos?

Su Deseo de un Testimonio Mundial

 La verdad profunda enfatizada por D. J. Bosch, “Dios es un Dios misionero…”21 pronuncia un elemento central de la revelación bíblica. En Génesis 12:2.3 Dios le dio a Abraham esta promesa de gran alcance:

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Desde que Dios le anunció a Abraham que le bendeciría primero a él y luego haría que sea una bendición para todos los pueblos, el interés global de Dios emergió vez tras vez en el Antiguo Testamento. Evidencia bíblica convincente refuta la tendencia errónea de considerar el interés misionero de Dios como una prerrogativa única del Nuevo Testamento. Uno tendría que estar de acuerdo con la convicción de W. G. Scroggie en que “La Biblia es esencialmente un libro misionero,” y que “el propósito misionero domina la revelación.”

Como Dios misionero, el Creador no sólo envió su Palabra, sino también a su Hijo (Jn. 3:16.17). Los Evangelios, en especial el cuarto, hacen que nos demos cuenta de la profunda conciencia de Jesús de hacer su obra entre hombres como emisario de Dios; vez tras vez se refirió al hecho que su Padre lo había enviado (e.g. Mt. 10:40, Mr. 9:37, Lc. 4:18, 10:16, Jn. 5:23.24.30.36-38).24 Aun cuando Jesús no dejó duda que su misión estaba principalmente encaminada a sus prójimos judíos (Mt. 15:24), también le puso atención a su pertinencia y ramificaciones mundiales.

Comprendiendo la extensión de la tarea divina que había recibido y en la que se había embarcado, Jesús habló repetidas veces del mundo (e.g. Mt. 13:38, 24:14, Mr. 14:9, Jn. 6:33, 12:46.47, 17:21.23). En otras ocasiones vinculó su empresa en la tierra con el futuro destino de las naciones (e.g. Mr. 13:10, Lc. 21:25, Mt. 25:32). La comunicación del Maestro ya había desafiado a sus discípulos a desarrollar una perspectiva global, entonces su modo de operación también fue así.

Con el objetivo ante él de establecer un testimonio mundial, Jesús no llevó a cabo sus actividades en aislamiento. Él se diferenció grandemente de su contemporáneo rabínico Johanan b. Zakkai, quien, antes de asumir la enseñanza en Jerusalén, pasó dieciocho años en el pueblo galileo de ‘Arav (no lejos de Nazaret) con tan sólo un talmîd durante ese tiempo.25 Jesús, a fin de conseguir un impacto amplio de sus esfuerzos, seleccionó cuidadosamente su ambiente ministerial y trabajó en gran medida bajo los ojos del público. Predicó en numerosas sinagogas locales (Mr. 1:39) y posteriormente pudo ser hallado enseñando diariamente a diferentes audiencias en el Templo (Lc. 19:47). Se dirigió a multitudes al aire libre, incluso Lucas habló de una “multitud” que se atropellaba (12:1).

De pertinencia estratégica fue el hecho que por un período de tiempo extendido el Maestro hizo de la densamente poblada Galilea su campo primario de operación y en particular, la ciudad de Capernaum en la costa noroeste del mar de Galilea, la cual llegó a ser su ‘sede.’ El movimiento de Nazaret a Capernaum (Mt. 4:13) que en las Escrituras llegó a ser conocida como “su ciudad” (Mt. 9:1), no puede ser simplemente atribuido al hecho que la gente de Nazaret no honró a Jesús (cf. Mt. 13:54-57). Es más importante notar que Capernaum estaba situada en la región de Zabulón y Neftalí, elegida como un área de promesa divina (cf. Mt. 4:4-16). Además la ciudad era un centro comercial en la ruta de comercio fundamental que conectaba Alejandría con Damasco, y su conveniente posición a la orilla del lago hacía que se haga fácil alcanzar las áreas circundantes por barco. Del incidente registrado en Mateo 8:5-13 podemos deducir que Capernaum también alojaba a un destacamento de soldados romanos, una oportunidad para el alcance transcultural al que Jesús le dio la bienvenida en su contacto con el centurión.

Jesús ministró a lo largo de Galilea (Mt. 4:23), su método itinerante sin embargo lo llevó a Judea, Samaria, Perea, Decápolis y Fenicia también. Es verdad que priorizó deliberadamente sus labores con la gente de Israel y de forma muy llamativa evitaron trabajar en ciudades helenísticas como Séforis y Tiberias por ejemplo. Pero por otro lado parece que el radio extraordinario de sus actividades indicaron tanto la ausencia de algún sesgo etnocéntrico de su parte así como su apertura a involucrarse a través de barreras culturales, si el Espíritu Santo le dirigía de esa forma (cf. e.g. Jn. 4:4-26, Mt. 15:21-28).

A través de su curso de acción ejemplar y sus declaraciones, Jesús nutrió a los Doce con un conocimiento creciente que la misión que perseguía tenía una dimensión mundial y que ellos tenían que jugar una parte crucial en su cumplimiento continuado. Cuando los animó con la afirmación que eran la luz del mundo (Mt. 5:14), de manera simultánea puso sobre ellos la misma carga que tenía. Como J. O. Sanders dio a entender, “en estas palabras elocuentes, el Señor de la cosecha emitió Su llamado galileo para ser un testimonio mundial. Su esfera de testimonio iba a ser nada menos que ‘el mundo.’”

Suma claridad y énfasis caracterizan a las cinco declaraciones post-resurrección con las que el Maestro definió de manera exhaustiva la tarea de testimonio mundial para la cual había preparado a sus discípulos. Una inspección más cercana hace que el enfoque esté en cómo cada una de estas cinco versiones de la Gran Comisión llevó un diferente énfasis y así derramó luz adicional sobre la naturaleza de la tarea que Jesús les encargó a sus amigos.

Marcos 16:15 dice:

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

Las palabras del Maestro hacen que sea extremadamente claro que la Gran Comisión no fue ni una mera idea humana ni un proyecto opcional, sino un mandato divino a obedecer. Se esperaba que los discípulos tomen la iniciativa de entregar este encargo de alcance universal mediante el evangelismo, proclamando las buenas nuevas del amor de Dios por la humanidad a todo individuo sobre la tierra.

Se puede adquirir más entendimiento de Lucas 24:46-48:

Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas.

De manera característica esta interpretación de la Gran Comisión resaltó el contenido del mensaje que los discípulos compartirían. Del mismo modo Jesús enfatizó su rol como testigos y les hizo saber que su testimonio global tendría su punto de inicio en Jerusalén.

En Hechos 1:8 el tercer evangelista citó a Jesús:

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Aquí Jesús les dio a sus amigos la promesa de la venida del Espíritu Santo, poniendo así su atención en la fuente de poder indispensable para el logro de su tarea. La promesa fue “juntada con la muestra de un plan de acción, con instrucciones muy específicas con respecto a su procedimiento y propósito.” Además, señaló la función de los discípulos como testigos de él mismo y al mundo como la cobertura transcultural de sus labores futuras.

Juan 20:21 contiene la cuarta declaración:

Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.

Jesús fue comisionado por su Padre y ahora él a su vez comisiona a sus seguidores. La redacción griega subyacente nos permite percibir más claramente que,28 el Maestro también enfatizó la forma análoga en la cual los discípulos tenían que continuar la función que él había comenzado. En otras palabras, se les recordó la necesidad de imitar su ejemplo en su método ministerial (cf. Jn. 13:15; 14:12).

Finalmente se debe considerar Mateo 28:18-20:

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Nuevamente una mirada más cercana al griego original es beneficioso, porque ahí descubrimos que el verbo principal para los versículos 19 y 20a es la forma imperativa matheteusate (‘hacer discípulos’). Subordinado a este verbo principal están los participios adverbiales, concretamente poreuthentes (‘yendo’), baptizontes (‘bautizando’) y didaskontes (‘enseñando’). De aquí podemos ver que de hecho Jesús les ordenó a sus seguidores que se comprometan, mientras iban saliendo, en hacer discípulos; también les dijo que bautizar y enseñar serían fundamentales en este proceso. Por lo tanto la quinta versión de la Gran Comisión en su corazón no fue un desafío para que los discípulos vayan a todo el mundo, sino más bien expresó su obligación de hacer discípulos donde sea que fueran. Divergente de los otros evangelistas, Mateo – a través del “Por tanto,” en el versículo 19 relacionó la comisión de los discípulos con la autoridad universal de Jesús y concluyó la delineación de la estrategia del Maestro para alcanzar el mundo con la promesa alentadora de Jesús como su compañía permanente.

Al comparar la porción de cierre del Evangelio de Mateo con las instrucciones de alcance dadas en Mateo 10:5-8, dos diferencias llamativas saltan a la vista. Primero, en ese momento los Doce fueron instruidos para que limiten sus esfuerzos a los ciudadanos judíos. Don Richardson sugirió la explicación, “Es muy probable que Jesús haya puesto esta restricción temporal en Sus discípulos… porque Sus discípulos todavía no estaban preparados espiritual y mentalmente para emprender una misión transcultural.” Ahora, justo antes de la ascensión del Maestro, se les emplazó a fijar como objetivo a todas las personas. Segundo, a los discípulos no se les confió la responsabilidad de hacer discípulos antes. Aun estando bajo entrenamiento intensivo, estaban en gran carencia de entendimiento adecuado y experiencia personal suficiente de discipulado consocional a fin de asumir un rol de liderazgo como tal. Ahora, sin embargo, Jesús les encargó que se enfoquen en la reproducción y multiplicación haciendo discípulos. “Jesús sabía que cualquier movimiento tenía que tener líderes efectivos a fin de que crezca y se disemine al mundo entero,” recalcó M. Rush. Ahora, viendo sus intenciones globales, Jesús les ordenó a sus seguidores que prioricen el discipulado de los creyentes y los lleven al liderazgo, para que todas las naciones sean afectadas para Dios por el movimiento divino que pronto iba a brotar a través del empoderamiento del Espíritu Santo.

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