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Los Ojos y Oídos del Predicador Joven por Robert Canfield

by | Nov 25, 2016 | Ministerio | 0 comments

El título podría parecer un poco extraño, pero los ojos y oídos del hombre podrían ser las mismas cosas que hagan que su ministerio presente muchos problemas. Como predicadores deberíamos saber que las palabras son poderosas y que pueden afectar grandemente a las personas. Las palabras que predicamos de la Palabra de Dios tienen poder para mostrarles a otros cómo ser salvos. Podemos ayudar a aquellos que pasan problemas y dolor. Podemos animar a aquellos que están deprimidos y viviendo desesperados. Debemos darnos cuenta del poder que poseen las palabras y también debemos entender los efectos negativos que pueden tener las palabras. A menudo nosotros, los predicadores y pastores, recibimos palabras que tienen la capacidad de cambiar al hombre. Aquellas palabras pueden venir en la forma de murmuraciones sobre otros, algo negativo que se habla sobre nosotros o nuestra familia, o incluso una mentira que se disemina sobre nosotros. Estas palabras pueden tener un gran impacto en nuestras vidas y ministerio. Por consiguiente, al ser ministros, es muy importante que aprendamos lo que Spurgeon le enseñó a sus predicadores jóvenes: tener un oído sordo y un ojo ciego es esencial para el hombre que está en el ministerio. Spurgeon ofrece algunas verdades de su capítulo de “Discursos a Mis Estudiantes: El Ojo Ciego y el Oído Sordo” que podrían ayudarle a usted y a su ministerio.

En el ministerio habrá algunos cuya “preocupación” por la iglesia y otros podría ser conocido como chisme. Aléjese del chisme. Vea lo que Dios dice sobre el chisme en Proverbios 20:19, “El que anda en chismes descubre el secreto; no te entremetas, pues, con el suelto de lengua.” Dios habla mucho acerca del tema del chisme. En Levítico 19:16 les dice a los israelitas que no hagan lo que un chismoso hace al ir yendo por entre la gente diciendo cosas que simplemente no son ciertas. Salmos 15 habla de nuestra necesidad de carácter. Dios da instrucciones de cómo quiere que viva Su pueblo. En Salmos 15:1-3, Dios nos dice que deberíamos hablar verdad en nuestros corazones; se supone que no tenemos que calumniar con nuestra lengua. Como predicadores deberíamos entender esta verdad y no permitir que el chisme llegue a nuestros oídos. Cuando está en una posición de liderazgo será fácil que otros recurran a usted porque es como un juez. Y quiero recordarle lo que el Señor dice sobre cómo se supone que debemos juzgar. Juan 7:24 dice, “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” Es mejor dejar que el chisme se vaya y que no le demos lugar. Sin embargo, podrían haber ocasiones en las que lo que se le dice podría ser muy importante y sienta que necesita prestarle atención al asunto. Si ese es el caso, pídale a la persona que lo escriba porque es importante y su memoria a veces puede fallarle. Luego asegúrese de ocuparse de ello por completo. Si el chisme fuese cierto para la persona, entonces lo escribirá. Si la persona que se lo cuenta no está dispuesta a escribirlo, entonces simplemente podría gustarle hablar. Cuando esté tratando con el chisme es mejor tener un ojo ciego y un oído sordo.

Otra verdad que Spurgeon comparte es lo que debería hacer cuando se dice algo sobre usted. Ser pastor y servir en el ministerio viene con muchos beneficios adicionales. Nosotros, los predicadores, recibimos bendiciones que van más allá de nuestra imaginación. Llegamos a servir al Dios del cielo y vemos que las cosas que desea que se hagan vienen a dar fruto. ¡Qué puede ser mejor que eso! Nada en mi vida es más gratificante que dar el Evangelio a alguien. ¡En ese momento sé que estoy haciendo la obra para la que fui creado! Pero aunque llegamos a tener estos beneficios, también pasamos por malos momentos, y la mayoría de aquellos malos momentos ocurren cuando alguien dice algo malo de nosotros o quizás incluso miente sobre nosotros. ¿Qué hace cuando eso ocurre? ¿Corrige la mentira que podría haberse dicho de usted? Si alguien tiene una actitud negativa con respecto a su estilo de predicación o su forma de liderar, ¿qué hace? El consejo más sano y probablemente lo mejor que puede hacer es tener un ojo ciego y un oído sordo. El ministerio no es para la persona susceptible. Esa persona no durará mucho en el ministerio. Escuchar lo que otros digan sólo lo volverá paranoico. Spurgeon dijo en sus Discursos, “Sería mejor ser engañado cien veces que vivir una vida de desconfianza. Es intolerable.” No sea el hombre que busca a aquellos que se le oponen y que indaga lo que se dice de usted. Hacer eso sólo lo conducirá a la locura. Para aquellos que mienten de usted, escuché que desafortunadamente los mentirosos no se hallan en extinción. Y, aunque es cierto, debemos saber que lo mismo le ocurrió a Jesús. Piense en las ocasiones en que alguien mintió sobre Él. Dese cuenta que la mayoría de veces, cuando se mencione una mentira de usted, ésta morirá y desaparecerá si no la molesta. No piense que tiene que responder a cada acusación que se pone delante suyo. Debemos tener un ojo ciego y un oído sordo y darnos cuenta que, si somos honestos con nosotros mismos, la mayoría de cosas negativas que se dicen de nosotros son más ciertas que las alabanzas que escuchamos de nosotros. Sólo olvídelo.

Sé que como predicador joven u hombre en el ministerio tiene que pensar que tiene que probar algo, sea calmando una pelea o probando que tiene la razón. Sé que la tentación está allí presente. Pero la verdad es que si aprende, como predicador joven, que necesita un ojo ciego y un oído sordo vivirá una vida más feliz y tendrá un ministerio más feliz también. Y la verdad es que es mejor cuando dejamos que Dios arregle las cosas. Él es un mejor juez que yo o que cualquier otro ser humano que vea el asunto. Espero que tenga la oportunidad de leer el libro Discursos a Mis Estudiantes de Spurgeon, y especialmente espero que lea el capítulo sobre tener un ojo ciego y un oído sordo.

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