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La Vida en la Casa del Padre Corrigiéndonos los Unos a los Otros en Amor

by | May 18, 2018 | Matrimonios | 0 comments

¿Cómo Debemos Confrontar?

 Cuando sabemos que Dios quiere que hablemos con otro creyente con respecto a un problema, es esencial afrontar esa confrontación de una manera bíblica. Si no lo hacemos, correremos el riesgo de complicar e intensificar el problema en lugar de resolverlo. Afortunadamente, Dios nos ha provisto un tesoro de instrucciones en Su Palabra con respecto a este asunto. A continuación tenemos diez palabras que representan principios bíblicos acerca de la confrontación y describen cómo podemos hacerlo de una manera afectuosa. Las primeras cuatro se encuentran en Mateo 18:15, y el resto vienen de otros pasajes de la Escritura:

  1. Rápidamente. Jesús dice: “si tu hermano peca, ve y repréndelo” (lbla). (Mateo 5:23– 24) Mientras se deja pasar el problema, el pecado y la culpa crecen como una bola de nieve hasta que se convierten en una avalancha que destruye al propio pecador y a otros con su pecado. La resolución que anhela Dios no sucederá hasta que vayamos, así que debemos ir con prontitud.
  2. Resueltamente. Al decirnos “ve” cuando sabemos que nuestro hermano ha pecado, Jesús estaba diciendo que deberíamos ir a él deliberadamente con la intención de hablar con él acerca del problema. Él no quiere que te encuentres con la persona para otro propósito y saques el tema sólo si surge. Tampoco quiere que simplemente “ores por una oportunidad” para hablar con él.
  3. Verbalmente. El problema no puede resolverse con ciertas expresiones faciales, gestos sutiles, haciendo caso omiso de la persona, o cualquier otra comunicación no verbal. Debe analizarse con palabras bien escogidas.
  4. Privadamente. Si el supuesto pecado no es un asunto de conocimiento público, entonces debe analizarse entre el menor número de personas posible. De hecho, inicialmente la confrontación debería ser “de uno a uno”, sin que ninguna otra persona lo sepa. La sabiduría de este mandamiento de Cristo es evidente: puede que no sea necesario que ninguna otra persona conozca el problema porque el hermano que ha pecado puede arrepentirse o puede que quede claro que todo era un simple malentendido. Por lo tanto, la reputación del ofensor puede ser Además, contarles el problema a otras personas antes de ir a la persona implicada es básicamente chismorreo.
  5. Renuentemente. La confrontación no debe ser algo que hagamos entusiasmados o con ansiosa expectación. Pro. 17:19, Pro. 20:3 Nuestra actitud debería ser como la del apóstol Pablo cuando tuvo que escribir una dura carta de confrontación a los corintios. 2 Corintios 2:4 describe esa actitud: “Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas”.
  6. Compasivamente. Pablo continuó describiendo su actitud hacia los corintios diciendo que había escrito su carta de confrontación “no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo”. El quería que ellos entendieran que su propósito al confrontarles no era herirles en ninguna manera, sino ayudarles a crecer en el Señor y a recibir Su bendición para sus vidas. Proverbios 27:6.
  7. Mansamente. Gálatas 6:1 nos ayuda a entender aún más como debemos hacer la confrontación: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre”. Una falta de mansedumbre puede tentarle a responder mal.
  8. Humildemente. Después de que Pablo les dice a los Gálatas que deben restaurar a los demás con un espíritu de mansedumbre, añade: “considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”. El Señor quiere que entiendas que tú eres tan capaz de caer en el pecado como cualquier otro (incluso en el mismo pecado), de tal manera que entres en la confrontación con una actitud de humildad.
  9. Cuidadosamente. La confrontación necesariamente implica palabras, y las palabras pueden sanar o herir. Pro. 10:19, 11:9, 12:18, 13:14, 25:11. 29:20. Escoger las palabras cuidadosamente implicará la oración…Si entras en la confrontación a trompicones y sin preparación, sin duda acabarás hiriendo más que ayudando.
  10. Intercesoriamente. Finalmente, como acabamos de mencionar, la confrontación afectuosa debe estar bañada en oración, porque Dios debe obrar en la situación para ser glorificado en ella. Orar sin hacer nada es erróneo, pero hacer algo sin orar es igualmente erróneo.

Mack, W. A., & Swavely, D. (1994). La Vida en la Casa del Padre: Un Manual para Membresía en la Iglesia Local (Primera Edición, pp. 159–174). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

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