INTERPRETACIÓN DE LAS PROFECÍAS JOHN PHILLIPS #2

by | Dic 1, 2017 | Ministerio | 0 comments

INTERPRETACIÓN DE LAS PROFECÍAS JOHN PHILLIPS #2

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Interpretación de las profecías John Phillips #2

  1. El principio de los detalles desconcertantes. La profecía de las Escrituras en Oseas 11:1 ilustra la verdad de que en ocasiones un pasaje tiene un significado más profundo que el que aparece en la superficie. Israel, nacionalmente, era un “hijo” (Éx. 4:22) y los judíos solían tratar las profecías mesiánicas acerca del hijo y el siervo (Is. 53) en un sentido nacional y no en uno personal, mesiánico. Pero mientras que Israel, como nación, es llamado el “hijo” de Dios, la palabra aquí particularmente se refiere a Cristo. Este detalle respecto del Hijo de Dios que es llamado fuera de Egipto fue cumplido literalmente en los primeros años de la vida de Cristo. José y María fueron forzados a huir a Egipto para proteger al niño Cristo de la ira de Herodes. Mateo demuestra que entonces, en una forma real, histórica y literal, esta profecía enigmática fue cumplida (Mt 2:13-15).

Interpretar profecías es como armar un rompecabezas gigante. Con frecuencia tomamos un fragmento profético y nos preguntamos dónde encaja. Una cosa es fatal para cualquier ensamblado de la imagen en su conjunto: nunca debemos hacer encajar una pieza por la fuerza donde no entra naturalmente. Ni tampoco debemos ignorar una pieza solo porque es rara, porque amenaza nuestro propio esquema o porque no podemos ver cómo o dónde colocarla en el rompecabezas terminado. Tarde o temprano, si somos pacientes y sinceros en nuestro manejo de la verdad profética, el Espíritu Santo nos mostrará cuán fácilmente encaja la pieza.

Hay muchos detalles desconcertantes en las Escrituras proféticas del Antiguo Testamento que tratan sobre Babilonia, Asiria, Egipto y otras naciones; detalles que parecen estar apuntando a eventos del futuro. Con frecuencia, queda poco claro cómo y dónde encajarán todos ellos. Sin embargo, podemos estar seguros de que cuando llegue el momento de su cumplimiento la solución que nos confunde se verá como algo sencillo y natural después de todo.

  1. El principio de la asociación primaria. Antes que nada, los profetas predicaban a sus propias generaciones. Los profetas no surgieron en Israel salvo en casos de apostasía. Los profetas estaban básicamente preocupados por llevar a la nación de regreso a Dios. Por ende, cuando sus mensajes son claramente de carácter predictivo, debemos observar los momentos inmediatos en los que el profeta vivió para ver si esos años arrojan alguna luz sobre la profecía. Por ejemplo, el profeta Isaías dedica los primeros cinco capítulos de su libro a denunciar a Israel por su maldad moral y espiritual. Gran parte de lo que dijo se relaciona con su propia época, ya que en el horizonte se encontraba el creciente y aterrador poder de Asiria. Isaías podía ver con claridad que las diez tribus del reino del norte estaban destinadas a desarraigarse y dispersarse a causa de los asirios, y que Judá también sentiría el peso del brazo asirio. Muchas de sus advertencias tienen en mente esas cosas.

En el capítulo 7 el trasfondo es la alianza sirio-efraimítica contra Judá. Israel y Siria habían unido sus fuerzas contra el pequeño reino de Judá, cuyo rey Acaz estaba desesperado. Al profeta se le dijo que le ofreciera una señal, que el rey apóstata

y testarudo rechazó. De todos modos, se le dio otra: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Is. 7:14). Mateo 1:23 deja claro que, en su alcance más amplio, esta profecía era mesiánica y anunciaba el nacimiento virginal de Cristo. Sin embargo, la profecía tiene una asociación primaria con la propia época del profeta y con la situación internacional inmediata, el profeta continuó diciendo que antes de que creciera este niño: “la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada” (Is. 7:16). La profecía le prometía a Acaz que, dentro de un lapso muy corto, Peka, rey de Israel, y Rezín, rey de Siria, serían derrotados. Un objetivo de la profecía era alentar al débil y maligno Acaz a que confiara en Dios, sin apelar a la ayuda de Asiria como tontamente estaba planificando hacer.

En el capítulo 8 se dio otra elaboración de la profecía. La propia esposa del profeta dio a luz a un niño. El profeta le dio un nombre simbólico, Maher-salal-hasbaz, que significa “date prisa, date prisa hasta el botín”. El profeta explicó: “Porque antes que el niño sepa decir: Padre mío, y Madre mía, será quitada la riqueza de Damasco y los despojos de Samaria delante del rey de Asiria” (Is. 8:4). En el tercer año de Acaz, Damasco fue saqueada, Rezín fue asesinado y los asirios estaban llegando a Samaria.

La asociación primaria de una profecía con frecuencia arroja luz sobre la profecía misma. Muchas profecías del Antiguo Testamento, por ejemplo, se relacionan con las inmediatas invasiones asirias y babilonias a Israel y Judá. Es cierto, a veces tienen alusiones al fin de los tiempos pero con frecuencia gran parte de lo que se predijo se agotó en la propia época del profeta. 

  1. El principio del cumplimiento parcial. Una gran cantidad de profecías de la Biblia tienen un cumplimiento cercano y uno lejano. Primero debía haber un cumplimiento inicial, local, parcial y típico pero con frecuencia alguna de los detalles no se cumplían o solo lo hacían en parte. Esto se debe a que debía haber un cumplimiento posterior, más amplio y completo de la profecía. Algunas profecías relacionadas con la caída de Babilonia se han cumplido solo en parte en la historia; por eso parece que Babilonia será reconstruida en el fin de los tiempos para que esas profecías sobre Babilonia que todavía duermen en el vientre del tiempo puedan despertar para su cumplimiento. Apocalipsis 18 (una profecía adicional y subsiguiente concerniente a Babilonia) da casi por seguro que Babilonia será reconstruida y que se convertirá en el centro financiero del imperio universal de la Bestia.

La profecía de Joel respecto a la venida del Espíritu Santo solo tuvo un cumplimiento parcial en el día de Pentecostés (Jl. 2:28-32; Hch. 2:16-21). Pedro citó lo que ocurrió como un cumplimiento de la profecía de Joel pero evidentemente las señales del juicio relacionadas con la profecía no formaron parte de la escena pentecostal. Además, Joel vinculó su profecía definitivamente con el “día grande y espantoso de Jehová”. Obviamente, pues, un segundo cumplimiento más completo aún debe llegar en los últimos días.

Después del arrebatamiento de la Iglesia, las cosas se revertirán a las condiciones que prevalecían antes de Pentecostés. Luego Dios verterá su espíritu nuevamente sobre los judíos. Apocalipsis 7 demuestra que habrá un derramamiento poderoso del Espíritu Santo sobre las tribus de Israel y que innumerables millones de gentiles serán salvos. En ese momento estarán presentes las señales mencionadas por Joel, como lo aclara el Apocalipsis.

  1. El principio del cumplimiento simple. Debemos buscar un cumplimiento literal de la profecía, no tomar enunciaciones simples de las Escrituras y alegorizarlas. Cuando Dios habla sobre Israel, quiere decir Israel; cuando Él habla de la Iglesia, se refiere a la Iglesia. Las profecías que tienen que ver con la primera venida de Cristo fueron cumplidas literalmente en la historia. Del mismo modo, las profecías que tienen que ver con su segunda venida serán cumplidas literalmente cuando llegue el momento. El renacimiento literal del Estado de Israel en nuestros días presagia la proximidad de la segunda venida de Cristo.

Puede que no siempre veamos de qué manera pueden cumplirse determinadas promesas específicas, pero podemos estar bastante seguros de que Dios cumplirá con su palabra. La hambruna en Samaria ilustra la forma simple, directa y natural en que obra Dios (2 R. 6:24—7:20).

Los sirios estaban sitiando Samaria y la hambruna en la ciudad era tan grande que la gente se estaba comiendo a sus propios hijos. El rey se enteró de este horror y culpó específicamente al profeta Eliseo. La respuesta de Eliseo fue una profecía: “Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria”. Uno de los príncipes del rey se burló de Eliseo: “Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así?”. Eliseo respondió: “He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello” (2 R. 7:1-2).

La profecía era misteriosa, el cumplimiento, simple. Durante la noche los sirios oyeron lo que creyeron que era el ruido de los carruajes. Llegando a la conclusión de que los israelitas habían contratado tropas hititas y egipcias, huyeron aterrorizados, dejando tras de sí sus tiendas, provisiones, medios de transporte, todo. A la mañana siguiente, cuatro leprosos descubrieron

el campamento sirio abandonado e informaron la noticia al pueblo hambriento de Samaria. El rey designó al príncipe que se había burlado de Eliseo para que supervisara los arreglos en la puerta de la ciudad. Cuando las personas, desesperadas por llegar a las abundantes provisiones sirias, atropellaron la puerta, asesinaron al príncipe. Así, sencilla, literal y completamente se cumplió la profecía. Así sucede con todas las profecías.

Numerosas profecías del Antiguo Testamento tienen que ver con Egipto. De hecho, Ezequiel tiene una serie de siete profecías contra Egipto (capítulos 29—32) y hace docenas de enunciaciones acerca del futuro de ese país. Algunas de esas profecías se cumplieron literalmente en la época de la invasión babilónica pero otras nunca se llegaron a cumplir. Isaías, Jeremías y Joel también tenían mucho que decir sobre el futuro de Egipto y de la hostilidad de esa nación contra Israel. Allí, también, hallamos detalles que no se han cumplido todavía. Isaías, por ejemplo, dice: “Y secará Jehová la lengua del mar de Egipto” (Is. 11:15). El contexto muestra a las claras que el cumplimiento de esta predicción en particular ocurrirá en los últimos días. En alguna fecha del futuro el Señor va a secar las aguas del Nilo y eso generará un desastre para Egipto que de hecho es “el regalo del Nilo”. Los detalles de cuándo y dónde encaja esto en los eventos del fin de los tiempos no quedan claros.

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