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“Dios, no tengo tiempo.”

by | Ene 24, 2017 | Ministerio | 0 comments

El predicador tiene el desafío de desarrollar el sufrimiento disciplinado de un soldado: “sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2:3). Los predicadores hemos de estar listos para el sufrimiento: “sufre penalidades” o, para ser más exactos, “toma tu parte del sufrimiento”. Ningún predicador irá muy lejos en su ministerio sin encontrarse con intensa guerra espiritual (ver Ef. 6:1-20), como también un claro maltrato, aun de fuentes inesperadas. También debe estar listo para el sacrificio: “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida” (2:4). Un soldado “de servicio” no puede darse el lujo de estar preocupado por las cosas de esta vida. No observar este llamamiento al sacrificio puede llevar a “enredo”. Esta palabra presenta un cuadro del arma del soldado enredada en su ancha y larga capa “de civil” en tanto está sentado “en Sion” (Amós 6:1).

No hay nada intrínsicamente malo en “los negocios de la vida” (2:4) pero si nos enredan, debemos resueltamente apartarnos de ellos.¡Qué triste comentario cuando en una predicación superficial la razón que se da ante la falta de sustancia bíblica o poder espiritual es que el predicador está muy ocupado para Dios! Toda la semana ha estado enredado en “los negocios de la vida” (2 Timoteo 2:4) y, por tanto, no ha tenido tiempo para la oración y la preparación (Hechos 6:4). Repetimos que él debe estar listo para el servicio. Un soldado debe “agradar a aquel que 10 tomó por soldado” (2:4). Él solo complace al comandante en jefe cuando cumple el propósito para el cual ha sido escogido. Ya el apóstol ha recordado a su colega Timoteo que, como un hombre de Dios, él debe pelear “la buena batalla de la fe” (1 Tim. 6:12). En tiempos de concesiones y corrección política, todos los predicadores necesitan recordar este solemne imperativo. Podemos perder los aplausos humanos, pero obtenemos la aprobación celestial.

Del libro “Guía de la Predicación Expositiva” por Stephen Olford

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