La Vida en la Casa del Padre Corrigiéndonos los Unos a los Otros en Amor

by | May 17, 2018 | Ministerio | 0 comments

La Vida en la Casa del Padre Corrigiéndonos los Unos a los Otros en Amor

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Introducción

 Uno de los aspectos del ministerio que se presente más dificultad es el de confrontar y corregir a otra persona. Es un área del ministerio que pone a la prueba nuestra madurez y carácter. Albert Mohler dijo acerca del carácter del liderazgo; “El carácter es indispensable para la credibilidad y la credibilidad es esencial para el liderazgo.” Nuestro carácter debería capacitarnos a cumplir la función, a menudo desagradable, de corregir los unos a los otros. Los esenciales son: Madurez, Integridad, Habilidad interpersonales, Confidencialidad, Resolución de Conflictos y más que todo un Amor Fraternal.

La Vida en la Casa del Padre Corrigiéndonos los Unos a los Otros en Amor

La importancia de una confrontación afectuosa tal como está delineada en Mateo

18:15–17 para la vida de la iglesia no puede ser exagerada. Los principales intereses que Cristo tiene por Su cuerpo son su pureza (Ef. 5:25–27) y su unidad, y ninguno de ellos puede existir donde no se pone en práctica el proceso de Mateo 18. Esto es así porque los obstáculos a la pureza y a la unidad son el pecado y el conflicto, y esas enfermedades no se pueden curar sin la medicina de una confrontación afectuosa y bíblica. Si hay algo que aprendemos de las medidas drásticas que Dios toma para remediar el pecado (en la cruz) y de las medidas drásticas que Dios nos recomienda por medio de Cristo (por ejemplo, Mat. 5:29–30), es que los problemas nunca se resolverán tratando de hacerles caso omiso. Una de las afirmaciones más estúpidas hechas jamás es: “El tiempo cura todas las heridas”. Las heridas espirituales pueden endurecerse y formar costras o escaras con el paso del tiempo, pero sus consecuencias nocivas continúan inevitablemente a menos que ocurra una verdadera curación. El tiempo por sí mismo nunca puede verdaderamente sanar ninguna herida de naturaleza espiritual, pero la confrontación afectuosa que analizaremos en este capítulo puede, y de hecho lleva a cabo una curación cuando se practica de una manera bíblica.

 A lo largo de los años nuestra experiencia pastoral y de orientación nos ha expuesto a cientos de problemas dentro de iglesias locales, y la solución a la mayoría de esos problemas ha implicado la aplicación de una o más verdades contenidas en la instrucción de Jesús a Sus discípulos en Mateo 18:15–17.

Nuestro Señor nos dice en este pasaje que la solución al pecado y el conflicto en el cuerpo es la confrontación, que va en aumento hasta el nivel que sea necesario para producir un cambio. La mayoría de las personas, incluidos muchos cristianos, se estremecen cuando leen acerca de la confrontación que puede entrañar incluso la reprensión pública de un hermano que ha pecado. La razón por la que encuentran esto repulsivo es que les parece que es una cosa muy “falta de amor”. Pero por el contrario, las Escrituras enseñan que la confrontación es realmente una de las maneras más completas en que podemos expresar nuestro amor a los demás.

 Hacer caso omiso de las relaciones rotas o de cualquier otro pecado en el cuerpo es normalmente el camino más fácil para nosotros, pero sería perjudicial para aquellos que están implicados y por lo tanto sería egoísta. No obstante, si nosotros realmente sentimos afecto por los demás, estaremos dispuestos a sacrificar nuestro propio tiempo, nuestra energía y nuestra comodidad para ayudarles a tener una relación correcta con Cristo y con los demás. Considera los versículos siguientes, que indican esta relación complementaria entre el amor y la confrontación al mencionar las dos ideas de manera intercambiable.

  • Sal. 141:5, Pro. 9:8, Pro. 27:5–6, Heb. 12:5–6.

Además de Mateo 18:15–17, en los siguientes pasajes del Nuevo Testamento se nos ordena de alguna manera reprender o amonestar a los demás: Romanos 15:14; 1Corintios 5; Efesios 4:29; 5:11; 6:4; Colosenses 1:28; 1 Tesalonicenses 5:14; 2

Tesalonicenses 3:6–15; 1 Timoteo 5:1–2, 20; 2 Timoteo 2:14, 25; 4:2; Tito 3:10–11; Hebreos 3:13; Santiago 5:19–20; y 2 Juan 9–11. Así que la confrontación afectuosa es un elemento esencial en la vida de la iglesia, y debería ser algo “natural”… Puesto que la confrontación practicada de una manera errónea realmente agrava los problemas en lugar de resolverlos, necesitamos estudiar con cuidado las palabras de Jesús y entender exactamente lo que Él quiere que nosotros hagamos cuando el pecado o el conflicto surgen en medio nuestro.

¿A Quién Deberíamos Confrontar?

El tipo de persona al que Jesús dice que deberíamos confrontar es a un “hermano”.

Este término implica alguien que profesa ser cristiano y se identifica a sí mismo con la comunidad de una iglesia bíblica (tal como describimos en el capítulo 3). Este es un término familiar, por supuesto, y por lo tanto se refiere a otro miembro de nuestra familia espiritual. La iglesia local es llamada una “casa” o familia en 1 Timoteo 3:15, y esa terminología había sido usada para la comunidad del pacto de Israel (Mateo 5:47). Y “hermanos” es el término que se usa en las epístolas de una manera más común para referirse a los demás cristianos. El apóstol Juan utiliza el término “hermano” muchas veces en sus cartas, y la manera en que lo usa nos ayuda a entender su significado en Mateo 18:15. Dice: “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas” (1 Jn. 2:9; cf. 3:14–15; 4:20).

  • Primero, su manera de expresarlo indica que el término “hermano” significaba cualquiera que compartía una creencia común y una comunión con los demás en las iglesias. No estaba limitado a aquellos que eran amigos íntimos o compatriotas. Incluso dos personas que no se llevaban bien eran considerados “hermanos”.
  • En segundo lugar, las palabras de Juan dejan claro que “hermano” se refiere

a aquel que profesa ser cristiano, no necesariamente a un creyente genuino.

¿Qué Pecados Debemos Confrontar? Jesús dice que deberíamos confrontar a nuestro hermano si “peca”, pero ¿qué quiere decir exactamente con esto? ¿Deberíamos confrontar todo lo que vemos en otra persona que podría ser malo, o deberíamos confrontar solamente algunos pecados que son “grandes”? Sólo deben confrontarse los pecados de acción, porque evaluar sólo una actitud es extremadamente difícil con nuestras limitaciones humanas, y juzgar lo que está en el corazón de alguien simplemente está mal (Rom. 14:4; 1 Cor. 4:5), a menos que sus palabras o acciones revelen claramente un problema en su corazón.

  • Sólo cuando él o ella actúan de una manera prohibida en la Escritura. Eso significa tener cuidado de no confrontar a otra persona basándonos en una mera preferencia fuera de la Escritura (1 Cor. 4:6), o incluso un principio inferido de la

Escritura por medio de una “gimnasia exegética”.

  • Sólo es necesario confrontar los pecados que no pueden ser pasados por alto. Proverbios 19:11 y1 Pedro 4:8. Si nosotros dedicásemos el tiempo a confrontar todo pecado posible que cometen los demás cristianos, probablemente no tendríamos mucho tiempo para ninguna otra cosa. Crecer en el amor y en la humildad bíblicos te ayudará a cubrir más y más ofensas (especialmente aquellas cometidas contra ti), y crecer en la sabiduría bíblica puede ayudarte a decidir qué pecados no deberían ser pasados por alto debido a sus consecuencias perniciosas. Una pregunta que puedes hacerte cuando pienses en confrontar a alguien es esta: A la luz del siguiente paso en Mateo 18:16, ¿considerarían una o dos personas de buen criterio que este asunto es lo suficientemente importante como para acompañarme en esta confrontación? Si no, tal vez debería pasar por alto el problema en esta etapa.

 

Mack, W. A., & Swavely, D. (1994). La Vida en la Casa del Padre: Un Manual para Membresía en la Iglesia Local (Primera Edición, pp. 159–174). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

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