El ir y enviar representa la sociedad entre una iglesia y un misionero. Todo creyente tiene que cumplir su parte en las misiones, sea siendo un misionero que deja su iglesia local para llevar el Evangelio a una tierra extraña o siendo un miembro de su iglesia local que participa activamente enviando misioneros. Tenemos que ser fieles a nuestro llamado.

Distinguiendo entre los enviadores y los que van

  • La iglesia heredó efectiva y exclusivamente la responsabilidad de la gran comisión. La tarea de la iglesia es estar continuamente haciendo discípulos de todas las naciones hasta el retorno de Cristo. Esto se lleva a cabo yendo a las naciones del mundo, predicando el Evangelio, bautizando nuevos convertidos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñando la Palabra de Dios para la edificación de los creyentes. Es así que todo creyente debería preocuparse de que toda la gente del mundo escuche el Evangelio e involucrarse en esta aventura de envergadura mundial para que toda la humanidad pueda oír, creer e invocar el nombre de Jesús para que sea salva.

Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-18; Lucas 24:46-49; Juan 20:19-23; Hechos 1:8

  • La Biblia dice claramente que todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. ¿Cómo le invocarán si no han creído? ¿Cómo creerán si nunca han escuchado de Jesús? ¿Cómo oirán si no hay ningún predicador y cómo predicarán a menos que sean enviados? Por consiguiente, principalmente hay dos tipos de llamados en relación a las misiones: los que van y los enviadores. En general, todos los creyentes tienen la responsabilidad de ir a predicar el Evangelio y enviar al mundo a aquellos que desean testificar de Jesús, pero explícitamente tenemos diferentes roles y estilos de vida. Los que van y los enviadores representan a dos estilos de vida diferentes pero que tienen la misma misión. Están interconectados y dependen el uno del otro.

Romanos 10:13-15

  • Los que van (itinerantes): “El que va” es un misionero que deja su iglesia local y se va para ser un testigo dentro de los paganos del mundo. Esto significa que ciertos creyentes serán llamados a abandonar su ocupación tradicional, vecindario y familia con el fin de llevar el Evangelio a otras tierras. Esto a menudo requiere del respaldo económico de la iglesia.
  • Enviadores (establecidos): El “enviador” es un miembro de la iglesia local que participa activamente enviando misioneros para que sean testigos entre los paganos del mundo. No son llamados a abandonar su ocupación tradicional, vecindario y familia con el fin de llevar el Evangelio a otras tierras, sino más bien son llamados a trabajar duro y proveer honestamente a sus familiares y a usar su dinero, posesiones, tiempo y talentos para el avance de la misión. Todo creyente debería involucrarse en enviar misioneros a otras tierras a las que no puede ir y decidir vivir su vida de manera estratégica para que no sólo brille en casa sino alrededor del mundo.

Sociedades Misioneras: Comunión en el Evangelio

  • Pablo le agradeció a Dios en oración por la “comunión en el evangelio” en desarrollo en la iglesia en Filipos. Esta iglesia se asoció resueltamente con Pablo. Pablo tuvo más de una asociación como esta. Estuvo en sociedad con iglesias locales. La sociedad tuvo varios factores que nos sirven como un buen ejemplo para nosotros hoy en día: (1) Relacional—tuvieron una profunda preocupación por Pablo así como una relación con él. Esto es cuidado, interés y envolvimiento en las vidas de los unos por los otros. (2) Refrescante—la sociedad era un gozo, una que animaba grandemente a Pablo y asimismo disfrutaba cuando podía estar con ellos. (3) Financiero—ellos incluso asumieron apoyar y ayudar financieramente a Pablo. Pablo incluso esperaba con ansias su ayuda puesto que posibilitaba que pueda servir a otros. (4) Oración—ellos sabían lo que sucedía entre ellos y a menudo oraban los unos por los otros. (5) Servicio—se servían los unos a los otros y tomaban parte de las mismas cosas, incluyendo: Evangelismo, ánimo en tiempos de prisiones o enviando colaboradores para ayudar en el servicio.

Filipenses 1:3-8, 14; 2:25; 4:14-20; Romanos 15:24; 30-33; Efesios 6:18-20; Colosenses 4:24; 2 Corintios 11:8

El Sustento Financiero de la Misión

  • Los creyentes son mayordomos y peregrinos. Como mayordomos reconocemos que Dios es el dueño soberano de todo, cosas que incluyen todo nuestro dinero y posesiones terrenales—y tenemos que administrar fielmente lo que ha sido puesto bajo nuestro cuidado. Como peregrinos reconocemos que nuestra ciudadanía está en el cielo—nuestras lealtades radican en el reino de Dios. Por consiguiente, este mundo no es nuestro hogar simplemente estamos de paso. No obstante, mientras llevamos nuestra travesía por este mundo anhelando una mejor patria, tenemos la misión de alcanzar a las personas del mundo con el Evangelio de Jesús—para que “todo el que quiera” sea salvo.

Deuteronomio 8:18; 1 Samuel 2:7; Juan 18:36; Hebreos 11:13-16; Filipenses 3:17-21

  • Los creyentes tienen que trabajar y dar. El método bíblico para obtener dinero es el trabajo. Dios ha diseñado que los individuos trabajen para que puedan proveer para ellos mismos y para sus familias. No obstante también obtenemos dinero y ganamos tesoros en la tierra para que sean invertidos en el cielo. Como creyentes, no tenemos que hacernos tesoros en la tierra porque no tienen valor duradero (la polilla y el orín corrompen; los ladrones minan y hurtan). En lugar de eso debemos hacernos tesoros en el cielo porque tienen valor duradero (puesto que ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan). Por consiguiente, la verdadera riqueza no se encuentra en nuestro tesoro (dinero y posesiones) hallado en la tierra sino en el tesoro que se halla en el cielo (recompensas de Dios). Dios tiene un número ilimitado de tesoros para aquellos que invierten en el cielo cuando usan su riqueza (dinero y posesiones) para servir a Dios y otros.

Mateo 6:19-20; Lucas 12:33; Marcos 10:21; 1 Timoteo 5:8; 2 Tesalonicenses 3:6-15

  • Los creyentes tienen que dar a las misiones. Los ministros del Evangelio a tiempo completo deberían ganarse su sustento (o tener el derecho de ser sustentados financieramente) a través del “trabajo en el Evangelio.” Esto se puede lograr cuando las iglesias locales sustentan a los misioneros. Esto también es una de las formas en que todos los creyentes se pueden involucrar en las misiones. El paradigma neotestamentario para dar, que es dar generosamente y con gracia, se aplica para este tipo de dar. Sus principios son como sigue: Complementario—un equilibrio entre el trabajo espiritual y material dentro de la iglesia; proporcional—la cantidad dada está “dentro” y sacrificialmente “más allá” de nuestra capacidad financiera; regular—un patrón a seguir para que podamos destacar en lo que damos; alegre—un gozo porque es un privilegio y no una obligación; honesto—el proceso de manejar el dinero que es dado a través de la iglesia y/o a los misioneros necesita ser hecho de una forma en la cual se pueda rendir cuentas para que no haya motivos de crítica.

2 Corintios 8:1-3; 8-24; 9:1-15; 1 Corintios 9:14; 16:2-4

  • Los creyentes son bendecidos cuando dan a las misiones. Hay dos bendiciones principales en las que podemos formar parte por dar a las misiones: (1) Porque con la medida que damos, se nos volverá a medir o cosecharemos lo que sembremos—lo que significa que Dios suplirá todas nuestras necesidades mientras le seamos obedientes; (2) fruto abundará en nuestras cuentas—lo que significa que cuando usamos nuestro dinero y posesiones para sustentar la obra de Dios en este mundo estamos haciéndonos tesoros en el cielo. Por ejemplo, si sustenta a un misionero y alguien llega a ser salvo en su ministerio, entonces usted también fue parte de ese fruto.

Proverbios 19:17; Lucas 6:38; 2 Corintios 9:6; Filipenses 4:17-19; Mateo 6:19-21

  • Los creyentes hacen que el dar a las misiones sea una prioridad porque la misión es una prioridad. Nosotros deseamos formar parte con disposición. Sabiamente hacemos que el dar sea una prioridad financiera. Hacemos planes estratégicamente con nuestra iglesia local para que podamos hacer más estando juntos. Trabajamos duro y damos según Dios nos prospera—primero tomando una porción de nuestro dinero y dándolo o separándolo para que pueda ser dado cuando sea necesario. Tenemos que seguir dando fielmente y sustentando la obra de los misioneros que van en nuestro nombre.

1 Corintios 9:7; 16:2; 1 Timoteo 5:18; 2 Timoteo 2:1-7

Preguntas de Repaso

  • ¿De quién es la responsabilidad de la gran comisión?
  • ¿Cómo se puede definir a “el que va”?
  • ¿Cómo se puede definir al enviador?
  • ¿A qué se parece una sociedad misionera?
  • ¿Cómo sustentamos financieramente la misión?